LOS ÁNGELES ANÓNIMOS

El ministerio de estética y las fuerzas del decoro del estado siempre han buscado una realidad correcta, limpia y aseada que corresponda con la imagen perfecta de un macho perfectamente dominante y una mujer perfectamente seductora.
Por supuesto, ninguno de los dos hace caquita.
Ninguno de los dos enferma,
ninguno de los dos tiene mayor problema que su glamour,
ninguno de los dos tendrá un hijo al que no pueda cuidar una chacha.

Así pues, de acuerdo a esta directiva implícita en la epidermis de nuestros vestidos, no se puede ser viejo,
ni feo,
ni torpe,
ni pobre,
ni cruzar en patera el estrecho (bueno, lo mismo se pone de moda si te cruza un narco).
Y siguiendo los mismos razonamientos
para que hacen falta hospitales,
para que residencias,
para que albergues,
para que escuelas.

Pero existe un mundo al que todos podemos descender, impelidos incluso por nuestro propio hedonismo.

Ese mundo se llama infierno
y en el hay enfermos,
hay locos,
hay ancianos y niños con enfermedades crueles,
hay gente que llora
y hay más gente, mucha más…

El desamparo es un pájaro que ronda rapaz, busca en los pasillos de los pasos perdidos.
A veces no se vuelve nunca a ver el monótono deambular de autos y personas por la calle.
Yo he visto las lágrimas furtivas y
una cortina que se corre para siempre…

Pero hay ángeles, azules, blancos..
Hay ángeles que luchan
y buscan, para ti, alma caída,
la redención, que se acercan y tocan lo intocable según el ministerio de estética y fuerzas de decoro, que purifican tu cuerpo y tu alma, que como soldados griegos de blanco raso, de marmol puro, de luz, entran y salvan de un pozo oscuro a las pobres almas, a nuestras pobres almas, luchando contra algo mayor que ellos mismos.

© Juan José Ayuso Martínez