No quiero ser verdugo

Ayer corte una rama.
Corte una rama y de ella
no brotarán hojas,
no saldrán flores
que de su polen
hagan miel las abejas.
Corte tallo breve
y ya nunca será rama fuerte
que sujete a muchas otras
llenas de hojas verdes,
cuajadas de flores.
No perfumará el aire de limpio,
no protegerá del sol hiriente,
no será cayado o bastón,
flauta, herramienta o instrumento.
¿Que haré
para que mis manos
sean jardinero y no asesino?
¿Que haré
para no caer
en el infierno de mi mismo,
para no ser
cómplice ni verdugo,
para no cortar brote o rama
de esas
que los hombres son?
¡Que horrible destino
ver truncado el brote
de uno mismo!
¡No llegar a crecer
árbol erguido,
cayado, refugio,
lugar de nidos!
¡No llegar a escribir
la última palabra
en el último suspiro!
¡Ser fin antes del comienzo mismo!
¡No hagan mis manos
que el árbol no florezca!
¡No hagan
que no liben las abejas!
¡No se vuelva mi alma
carbón negro encendido y no haga
que el hijo no crezca,
que el padre no sea,
que el poeta no escriba
hasta el último de sus libros!

© Juan José Ayuso Martínez

Mil maneras de salvarme la vida

Podrías de mil maneras salvarme la vida.

Podrías, por ejemplo, cayendo yo del edificio más alto
venir volando, haciendo gala de tus superpoderes,
y cogerme al vuelo justo antes
de estrellarme contra el suelo o de que me diera un infarto;
lo que antes fuese a ocurrir.

Podrías, por ejemplo, arrastrado por el mar en marejada
echar a nadar, haciendo gala de tu destreza de supernadadora,
y rescatarme a la orilla
y devolverme la vida
con un beso de respiración boca a boca.

Podrías, por ejemplo, enfermo yo de tumores y pústulas
aplicar tu ciencia, haciendo gala de toda sabiduría,
y vencer mi enfermedad
y devolverme la claridad y la alegría.

Sin embargo, todo es mucho más sencillo.

Solo una sonrisa tuya,
una palabra amable,
un gesto de familiaridad,
algún signo de ternura o cariño
servirían de alimento a mi corazón,
para que no muera.

Yo, por mi parte, prometo ser humilde;
me basta con no andar lejos de ti
por si algún día me necesitas.

© Juan Jose Ayuso Martínez