Una palabra no olvidaré

De una visita a San Juan de la peña y mis desvaríos.

Una palabra no olvidaré: “claustro”,
Tampoco “piedra” “silencio” olvidaré.
No olvidaré el suave eco de tus pasos,
de tu sonrisa en aquel espacio.

Otra palabra no olvidaré: “sombra”,
No olvidaré “agua”, “luz”, “aire”, “cielo”.
Emerjo al cielo,
Galope desmedido,
Me siento vivo,
Dueño del grito,
Señor del horizonte.

Tampoco olvidaré: “tierra”,
“barro”, “páramo”, “hombre”.
Hombre puesto en esta tierra,
en este fango.
Hombre
que me cuento entre los hombres,
hombre dispuesto
a confesar mis pecados:

¿Soy hombre
cuando con mi dinero compro
el cuerpo de una mujer
como si no fuese ser
con alma y sentir,
solo objeto a conseguir?

¿Acaso no soy
menos que un animal
cuando a la mujer que me acompaña
brutal mi mano ultraja y apuñala
solo por sentirme ganar?

Me duele el corazón.
Me duele el corazón
del uno al otro lado,
hasta donde alcanza la vista,
hasta las estrellas inmaculadas.

No olvidaré la palabra “hombre”, “mujer”,
No olvidaré “noche”, “luna”, “campanas”, “estrellas”.

No olvidaré mujer
que con la mirada en llamas
me ofreces el confín de la galaxia.

Que cuando vestida te muestras
desnuda te veo y veo
el blanco lunar de tu piel y siento
el cálido tacto de tu cuerpo,
el rumor de estrellas de tus ojos.

Que cuando te miro desnuda
mas allá de tu cuerpo veo,
mas allá de tu mirada miro
más allá de nuestros cuerpos.
Hay un iris en tu centro,
hay vientos que fluyen y se funden,
torbellinos de fragancias,
un anhelo por sudarte y que me sudes,
dos pieles que se hablan.

Que sea la noche larga,
Que sea la noche larga,
Que sea la noche larga…

Una palabra no olvidaré: “hombre”,
Una palabra no olvidaré: “hombre”, “mujer”;
algún día aprenderé su significado.

Elegía para un coleguita del barrio

Ahora lo haremos. Abriremos
el salero y la sal derramaremos,
y desparramaremos la pimienta,
y abriremos los botes con especias
y por aquí y allá las tiraremos.

Y el aceite, los treinta
litros de aceite vamos a verter
por toda la cocina,
a chorrear por toda la escalera
hasta que salgan del portal afuera.

Y después, las ventanas romperemos.
El sol, la fresca brisa invadirán
la casa y limpiarán
a fondo el mal olor que da el encierro.

Y dejaremos que entren golondrinas
y que en los dormitorios hagan nidos,
y que colmenas hagan las abejas
entre armarios y libros,
que telarañas hagan las arañas,
y que embrujen la casa
espíritus propensos al bullicio.

Al suelo de la plaza tiraremos
cristales, que al romperse estallen, truenen
para mayor terror de los tenderos.
Algún mueble también
volando a la calle arrojaremos
para prender con ellos un gran fuego.

Miedosos por el hecho y su osadía
a cuatro batallones de los geos
avisarán de la comisaría.
Para darles aún mas argumentos
irá mas leña al fuego
cantándole al amor en unos versos.

Atrancaremos puertas de la casa,
en el portal haremos barricadas.
No les será muy fácil
conquistar muestra plaza.
Grande y desigual será la lucha,
botes de humo cruzarán el cielo,
taladrará metralla el firmamento.

Hemos de procurar que no haya guerra
por los otros aposentos,
no vaya a ser que afecte
a nuestros nuevos compañeros;
nuestro será el sacrificio
para que ellos tengan hueco.

Ya luego, después,
cuando tranquilamente
hayamos calentado el cuerpo
al abrigo de las camisas de fuerza
en algún manicomio o penal
y a su debido tiempo,
nos disolveremos en aire
y nos volveremos viento.
Iremos de visita a ver como quedan
las golondrinas, las abejas, las arañas
y los espíritus farulleros.
Les diremos que está muy buena
la vecina del tercero.
Y que no le metan miedo
a la abuelita del segundo izquierda
que sufre taquicardias
del corazón del pecho.

Por el camino de los pinos
hasta el cielo subiremos.
Subiremos hasta las nubes,
a tocarles el culo
y darles un meneo.
Nos iremos de juerga con el sol,
para que nos caliente al colegueo,
y por la noche follaremos con la luna,
igual como se folla
con las princesas dulces de los cuentos.

© Juan José Ayuso Martínez