Mi novia me cuenta

Mi novia me cuenta sus pequeñas cosas:
“Hoy se me ha hecho muy aburrido el trabajo…”,
“He comido con una amiga…”,
“Estoy cansada y he discutido con mi padre…”
Y me las cuenta a mi,
que siempre he pensado
que solo se debe abrir la boca
para decir lo importante,
para vomitar lo terrible y profundo que habita nuestra alma,
para proclamar palabras graves y categóricas…

Mi novia me cuenta sus pequeñas cosas
y se abren todos los embalses
y fluyen todos los rios
y vuelven a la paz de sus cauces y su discurrir.

Y desde que me cuenta sus pequeñas cosas
yo ya no soy muro,
si no rumor
de agua, susurro
del aire, caricia
de las nubes que pasan por el cielo.

Desde que mi novia me cuenta sus pequeñas cosas
transcurren los días, con sus mañanas,
llenas de los cantos y chillidos de los vecenjos
que anidan en lo alto del edificio en el que habito,
que a primera hora de la mañana
parten en vuelo
buscando el desayuno que les depara el aire.

Se te sube un poco la falda

Se te sube apenas un poco
la falda del vestido al sentarte.
Me siento como niño
ante el baúl de los recuerdos.
Como niño
que por primera vez cruza la calle,
que por primera vez contempla el mar.

Se te sube un poco más
la falda del vestido al acercarte.
Siento que tus muslos
convocan a mis manos
a pasear la suavidad de tu piel,
como por jardín,
como por selva espesa y peligrosa,
a descubrir el tesoro allí escondido.

Y descubro
que no llevas las bragas blancas,
ni tampoco las bragas negras.

Te subo ya del todo yo la falda
por encima de las caderas.
Por los labios de tu sexo
una fuente borbotea,
tus pechos me amenazan
con sus lanzas enhiestas,
tus ojos me condenan
a que me abrase en su hoguera,
y mi afán de hortelano busca
que florezca la rosa de tu primavera.

Rotunda se yergue mi carne,
rotunda florece mi sangre,
rotundo mi sexo te anhela,
Urgencia por penetrar en tu cuerpo,
urgencia por apretar tus caderas,
huracán de manos y bocas desatado
solo porque se te sube la falda
un poco, apenas…

Cena con Federico

Obviamente, a F. G. Lorca.

Cae el sol de la tarde
en oblicuos pensamientos,
cae el sol de la tarde
por el salón de los espejos
iluminando suspendidas motas,
rotas hebras del devenir del tiempo.

Cayó ya la noche
en el salón de los espejos.
Dos tronos de cristal nos esperan,
dispuesta ya está la cena.

Desnudos nuestros cuerpos,
agarrados de la mano
ocupamos los asientos.
Eres muchacho alto y claro,
mas de uno tendrá de ti tormento.

Invisibles camareros nos atienden,
invisibles sus cuerpos solo visten
guantes para las manos,
gafas de sol y reflejos.
Invisibles sus cuerpos
descubierto el sexo,
y no sabemos cual será,
ni como será su pecho.

Ahora llega ya el primer plato:
moluscos y erizos de mar.
algún pez volador
que hay que coger al vuelo.
Desnudos los dos,
agarrados de la mano,
juntos los asientos.
Eres muchacho alto y guapo,
pero temo no te daré yo consuelo.

Divertido será jugar,
averiguar el sexo de los camareros,
por el apretón de nuestras manos agarradas
adivinar
que descubrió la otra mano
en un cuerpo invisible
dentro de un sueño.

Aquí llega ya el segundo plato:
¡Martillos, cristales y espejos!
Con fervor nos entregamos,
a pulverizar sus reflejos.
Entusiasmados por el sabor
de los añicos que hemos hecho,
dispuesto a seguir con el salón
alborotado se han los camareros.
Vuelo de mariposas sus guantes
inundan todo este hemisferio,
buscan calmar nuestro ánimo,
y que volvamos al asiento.

Desnudos los dos y de la mano,
no hay calor que no surja de este encuentro,
Eres muchacho grácil y bello,
lástima no me guste masculino pecho.

¡¡Lo siento!! Llegó la hora.

Todas las lineas perpendiculares
a las gafas de los camareros
apuntan al mismo centro.
Los vectores hortonormales
de sus miradas
invisibles
apuntan al mismo momento,
a la puerta que del sueño pasa
a cierta madrugada,
al camino de Viznar,
al tu inicio de ser eterno.

Por las esquinas del salón
se apilan las monedas.
Por una cara tu gentil rostro,
por la otra guadaña fea.

Al fin, me temo, acabose el tiempo.

¡Eres joven y hermoso!
¡Eres flor, caramelo!
Te iras, bueno, te morirás
al viejo estilo
de los sex pistols
dejando un cadáver bello.

Al otro lado de este sueño
te espera tu cita
tantas veces añorada,
la madrugada de ese día que no acaba,
la eternidad en la que si se te busca
siempre se te haya.
Vencerás a tus verdugos,
refulgirás cristo luminario
por encima de las alimañas.

Se me queda la mano helada,
ahora que te alejas.
Se me queda un olor a guadaña
en este sueño que negrea.
Ya no hay camareros o camareras,
no hay tronos ni cristales
ni espejos
ni motas de polvo
que en rayo de luz revolotean.

Tenemos que repetirlo,
Me ha gustado mucho la cena,
cuando quieras esta es tu casa.
Y gracias por el poema
en que se mudan todas las cosas
cuando tu mirada las contempla.

© Juan José Ayuso Martínez

 

Cielo azul

El cielo azul…
Alguien diría “Y el cielo era azul…”
Y las copas de los árboles eran verdes
E ibamos de la mano.

El cielo azul…
Las gentes sonreian a nuestro alrededor
y el cielo era azul
y nos cogíamos de la mano
y nos mirabamos a los ojos
y tu me decias
y yo te respondía
No recuerdo el qué
ni qué.
Total ¿Para qué
serviría recordarlo?

El cielo era azul
en aquel momento
en que te miraba a los ojos
y un sol embargaba mi corazón,
luz que todo lo encendía.

Quedará aquel momento
en mi memoria
quedará
en algún lugar húmedo y silencioso de mi mente
y con los años
será mas dulce
dará mas deleite.

Será ladrillo,
piedra maciza de sillar,
obelisco que apunta al cielo,
al cielo azul,
y alguien podría decir
“Y el cielo era azul…”
Azul…

Será el mortero que nos una,
mortero que amalgame
tu corazón y mi corazón,
como piedras de una muralla o torreón,
irreductibles contra los ejércitos del tiempo,
protegiendo nuestros besos,
cuando el tiempo haga decrépitos
nuestros cuerpos,
nuestros labios,
nuestros sexos…

© Juan José Ayuso Martínez