Cena con Federico

Obviamente, a F. G. Lorca.

Cae el sol de la tarde
en oblicuos pensamientos,
cae el sol de la tarde
por el salón de los espejos
iluminando suspendidas motas,
rotas hebras del devenir del tiempo.

Cayó ya la noche
en el salón de los espejos.
Dos tronos de cristal nos esperan,
dispuesta ya está la cena.

Desnudos nuestros cuerpos,
agarrados de la mano
ocupamos los asientos.
Eres muchacho alto y claro,
mas de uno tendrá de ti tormento.

Invisibles camareros nos atienden,
invisibles sus cuerpos solo visten
guantes para las manos,
gafas de sol y reflejos.
Invisibles sus cuerpos
descubierto el sexo,
y no sabemos cual será,
ni como será su pecho.

Ahora llega ya el primer plato:
moluscos y erizos de mar.
algún pez volador
que hay que coger al vuelo.
Desnudos los dos,
agarrados de la mano,
juntos los asientos.
Eres muchacho alto y guapo,
pero temo no te daré yo consuelo.

Divertido será jugar,
averiguar el sexo de los camareros,
por el apretón de nuestras manos agarradas
adivinar
que descubrió la otra mano
en un cuerpo invisible
dentro de un sueño.

Aquí llega ya el segundo plato:
¡Martillos, cristales y espejos!
Con fervor nos entregamos,
a pulverizar sus reflejos.
Entusiasmados por el sabor
de los añicos que hemos hecho,
dispuesto a seguir con el salón
alborotado se han los camareros.
Vuelo de mariposas sus guantes
inundan todo este hemisferio,
buscan calmar nuestro ánimo,
y que volvamos al asiento.

Desnudos los dos y de la mano,
no hay calor que no surja de este encuentro,
Eres muchacho grácil y bello,
lástima no me guste masculino pecho.

¡¡Lo siento!! Llegó la hora.

Todas las lineas perpendiculares
a las gafas de los camareros
apuntan al mismo centro.
Los vectores hortonormales
de sus miradas
invisibles
apuntan al mismo momento,
a la puerta que del sueño pasa
a cierta madrugada,
al camino de Viznar,
al tu inicio de ser eterno.

Por las esquinas del salón
se apilan las monedas.
Por una cara tu gentil rostro,
por la otra guadaña fea.

Al fin, me temo, acabose el tiempo.

¡Eres joven y hermoso!
¡Eres flor, caramelo!
Te iras, bueno, te morirás
al viejo estilo
de los sex pistols
dejando un cadáver bello.

Al otro lado de este sueño
te espera tu cita
tantas veces añorada,
la madrugada de ese día que no acaba,
la eternidad en la que si se te busca
siempre se te haya.
Vencerás a tus verdugos,
refulgirás cristo luminario
por encima de las alimañas.

Se me queda la mano helada,
ahora que te alejas.
Se me queda un olor a guadaña
en este sueño que negrea.
Ya no hay camareros o camareras,
no hay tronos ni cristales
ni espejos
ni motas de polvo
que en rayo de luz revolotean.

Tenemos que repetirlo,
Me ha gustado mucho la cena,
cuando quieras esta es tu casa.
Y gracias por el poema
en que se mudan todas las cosas
cuando tu mirada las contempla.

© Juan José Ayuso Martínez

 

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