Amanecer del Guerrero

Aún es noche cerrada.
A lo lejos, luces blancas y rojas corren por la línea de la autopista.
Detrás de unas Lomas, un leve resplandor
hace pensar en una luna cobarde.
El frío va calando poco a poco en las entrañas.
La quietud cae sobre todas las cosas.
El instante se hace eterno.
Hay paz en el corazón.
Pronto
empezará la batalla.

© Juan José Ayuso Martínez

 

Resistencia

A veces el reloj
se agrieta, escapa el aire ardiente
que todo empaña,
que todo envuelve en gris escarcha,
lo hace recuerdo en el futuro,
imagen de añoranza venidera,
certeza exacta de fugacidad.

A veces se retuercen
las manecillas del reloj
en una mueca agónica o grotesca.
Y vuelven los recuerdos
y vuelven los anhelos
y el corazón claudica
ante el hecho rotundo de la pérdida.

A veces el reloj
es cruel, burlona máscara,
que encubre un fuego oscuro,
ineludible en el desgarro,
preciso en el trabajo con la arena;
de sobra se detrás a quien esconde.

¡Pues bien!
Aquí mis uñas
navajas afiladas,
aquí mis dientes,
aquí mi cuerpo roca,
la piel coraza.
Aquí mi pecho abierto,
el corazón batiendo sangre.

© Juan José Ayuso Martínez

 

Triste rutina

Hoy encendí farolas
a golpe de persiana,
a bofetada de despertador.
Triste después de malsoñar
con que me echaban del trabajo
y de mi se reían
quienes alguna vez dijeron
que éramos camaradas.

Otra vez hago el viaje,
otra vez mal humor, malos humores.
Silencio.
Solo habla algún pobre angustiado
para evitar así el colapso
de su garganta, muerte inevitable,
horrible la agonía.
Casi es de agradecer.

Hoy he encendido el sol
a golpe de peldaños
en la estación del metro.
Tristes inhalan mis pulmones
este licor de efluvios industriales,
tristes lloran mis ojos
este aire rojo y gris que nos envuelve.

Otra vez el rugir
de coches y el chirriar de las cadenas
lo llenan todo
y nos someten a esta vida
que a disgusto tenemos que vivir.
Fantasmas errabundos, tristes muertos
que no sabemos
donde está nuestra tumba.

Sin embargo persiste,
breve destello,
sonrisa que se pierde,
humilde flor que rompe las aceras.
Persiste, terca,
la vida…

© Juan José Ayuso Martínez

Nubes

Pasan las nubes blancas como seda,
redondas formas voluptuosas,
como de pechos suaves,
como de tersas nalgas.
¡Ay, tus hermosas nalgas!

Pasan las nubes blancas,
las nubes grises de tormenta,
amenazando rayos,
amenazando lluvia.
¡lluvia, que al fin,
penetrará la tierra!

© Juan José Ayuso Martínez