Viaje y Huida

El primer hombre que viajó
lo hizo
por saber del lugar al que iba el sol,
al esconderse por la tarde,
y no entender,
por qué luego salía por un sitio distinto.

Ese primer viajero
decidió
dejar atrás su cueva, quizas su hembra y prole,
y los fantasmas que le acompañaban por la noche.
No quiso
llevarse un paisaje de equipaje.

Y ese primer viajero
partió
rumbo a donde se pone el sol
(o a donde sale, es lo mismo)
y andando, andando
encontró
el mar, y un horizonte al fondo,
y el sol yendose indiferente,
o burlón,
detrás de él,
para salir luego por un sitio distinto.

El primer hombre
que llegó,
persiguiendo al sol, al mismo sitio del que había partido,
no entendió
que había dado la vuelta ¡pobre!
no comprendió
que es lo que había pasado.

Y volvió otra vez a emprender la marcha,
con un poquito de rabia,
con un poquito mas de ahinco.

No es viajar
marchar
con los fantasmas a cuestas de cuatro en cuatro,
y los chiquillos de las manos.

No es viajar
llevarse
el triangulo formado por un cedro, el muro de tu casa y el naranjo,
y buscar donde encajen como pieza en rompecabezas.

No es viajar
arrastrar
el paisaje del anochecer desde tu ventana
y el canto del almuédano por la mañana.

No es viajar
andar así
para luego encontrar
estos seres extraños que te miran mal,
que te apalean y a veces matan.

Todos los fantasmas
tienen derecho
a un sotano oscuro y un cementerio.

Un amanecer
tiene derecho
a que alguien le pregunte,
para luego hacerse el interesante.

No es viajar,
es huir.
El infierno se extiende sobre la tierra,
ya hay zonas muertas donde ni las bacterias sobreviven.

Safe Creative #1612120101568

 

Clamor y Derrota

Puedo sentirme héroe invencible
bajo la luz de tu mirada,
cuando me sonries.
De noche, cuando te acurrucas,
puedo llegar a sentirme campeón del mundo,
muralla infranqueable ante todo mal:
es lo que tiene ser alto,
que te lo puedes llegar a creer.

Pero entonces…
¿Si no puedo llevar tu carga a las espaldas,
si no puedo ser roca o parapeto y protegerte,
si no puedo hacer nada por tí,
para qué valgo?
¡Por favor!
¡No me dejes solo en el rincón,
que me muero!

 

Luz Leve

Me gusta así, la luz, apaciguada.
Tu a mi lado tumbada, suavemente
tu mirada, tu cara luminosa
sobre el azul y el frío de este cuarto.

Me gusta así, el aire, quieto.
Y entre tu y yo este resplandor
que crece y llega a las orillas
de tu vientre, de mi vientre.

Crece, crece su luz, anega el aire,
inunda nuestros cuerpos
cuando miro tus ojos,
cuando besas mis labios,
cuando mi sexo arriba
la playa de tu sexo.

Me gusta estar así, contigo, envueltos
en la luz apagada de este instante,
en la luz encendida del deseo,
en el ámbar de un tiempo suspendido.

Después de la visita a la casa de una amiga.

A R.M.B.B

Estando en tu casa de visita
he recordado las paredes desnudas de la mía.
Después, de regreso,
contemplé este extraño zurcido de luces en el frío.

La soledad es aquello que existe
en el oscuro vacío que alumbran
las líneas de farolas
al fondo de la noche.

Esta humana adicción a ciertas emociones
me reveló
que un fuego habita entre las paredes de tu hogar,
en los objetos que adornan sus estancias
dejados allí por descuido
o puestos con clara intención.

La soledad cuajada
en las líneas de farolas de carreteras y calles,
costuras o cicatrices,
laberintos
que no sabemos resolver,
laberintos de uno mismo.
Es imposible que la helada soledad
haga crujir el vacío.

Fuego inunda el lugar que habitas,
encendido por ti,
alimentado de risas,
rojo de ternuras.
No son las habitaciones de desnudas paredes
no los laberintos de farolas
el lugar que habito
es el frío.