Elogio del friki

Y aquí estoy yo,
haciendo maquetas,
y viendo una de spideman.

Y tú, sin saber por donde,
siendo ya mayor del todo, quizas demasiado.

Y yo que solo quería que vinieras a jugar conmigo,
por el arroyo que había al final de nuestra calle,
hoy ya devorado por una autopista.

Y yo que quería construir un platillo volante,
con trozos de contrachapado
y motores eléctricos arrancados a juguetes rotos.

Y quería que vinieras conmigo,
a hacer flechas con los juncos del arroyo,
hoy teóricamente protegido y realmente seco,
para luego disparártelas, claro.

Pero tu solo querías tus muñecas,
y después esos pintalabios,
cuando yo ya empezaba con mis paseos melancólicos
por lo que hoy es un páramo reseco.
Esos pintalabios con los que tanto gustabas
a los muchachotes malos del barrio.

Estoy convencido:
la culpa es de las muñecas.
Debería estar prohibido jugar a ser mayor
cuando todavía se es niño.

 

Desnudo y Muerte

¿Por qué será que siempre estoy desnudo
en el sueño, contigo?
Cuando la misa,
arrimado a tu espalda
crece mi sexo
mientras el cura perorata
para que le entreguemos el alma a su demonio.
Y la de familiares
y amigos y mascotas, de tener.

¿Por qué será que siempre estoy desnudo
en el mundo, contigo?
Cuando en el centro comercial
lamo tus pechos insaciable,
mientras rebaño de tu cuerpo
pasan familias derrotadas,
encadenadas a sus carros, sufren
la farsa de un vacío bienestar.

¿Por qué siempre, desnudo,
contigo?
Cuando en el campo de batalla
soldados tristes marchan,
-amarga su sentencia, irremediable-
marchan mientras yo bebo, enajenado,
del licor de tu sexo
como borracho que huye del delirio.

Llega la muerte.
Llega la muerte negro abismo
mientras tu juegas indolente,
señora de mi sexo,
ajena a su ceniza.
Llega la muerte y se detiene,
se detiene irritada
mientras tú, vacilante, juguetona,
decides donde acogerás mi pene.

Llega la muerte
pero no has de temer:
un Dios salvaje
tomará posesión de nuestros cuerpos
y hará que emitan luz.

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