Lamento del esclavo

A Ángel del Río.

Un día corté mis alas
que al yugo dejaran hueco.
Me dijeron que lo hiciera,
lo hice, como me dijeron.

Me colocaron alforjas,
fuese un hombre de provecho.
Me las llenaron de piedras,
no les puse impedimento.

Y ahora ando de rodillas,
a cuatro patas me han puesto.
Desollados pies y piernas,
los brazos de sangre llenos.

A palos me hacen andar
con algún cachete tierno
y la zanahoria puesta
a lo lejos, a lo lejos.

Que me dejé convencer
que perseguir un tubérculo
es mejor que abrir las alas
y libre surcar el cielo.

A tí, que aún eres ángel,
que no te tomen el pelo,
no vendas tu libertad
por un falso juramento.

Que las tuyas crezcan fuertes,
crezcan duras como el hierro,
crezcan suaves como pluma,
vuelen libres como el viento.

Safe Creative #1612120101568

 

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