Lunes

Al principio era el silencio y la oscuridad
en un vacío dulce del no ser,
en un estado suave de inconsciencia,
en un nirvana del espíritu.
Pero dijo Dios “que suene”
y sonó el despertador.
Y con el retumbo de su timbre vino el deslumbre de su luz
y dijo Dios “que empiece el lunes”
y el lunes empezó.

Ojos hinchados,
ojos suplicantes,
ojos desbordantes de esa angustia que mana
en lo más recóndito del alma y grita:
“¡¡No quiero, no quiero!!”
Y su risa, desde algún lugar inexpecífico
paternál, responde: “¿Como que no quieres?”.

Escucho su risa, se que está de broma,
que todo esto es obra suya:
la rebelión de los objetos,
la desobediencia de mi cuerpo,
la distorsión cuantica de la realidad
-¡¡Dios ¿Que hago yo aquí?!!-.
El agua sale fría,
no encuentro camisa planchada
-¡¡Dios, por favor, un café, un café!!-.
Y en su divina benevolencia me concede
una escueta taza
del que sobró ayer.

Corro, corro, corro
como ratoncillo de laboratorio
buscando la salida
de este laberinto que me lleva
desde la paz más tierna
a la realidad más dura.
Y solo me consuela saber
que a este lunes, como a todos los lunes,
¡Yo
lo veré
agonizar!

 

© Juan Jose Ayuso Martínez

 

Recuerdo y Refugio.

Porque fue hermoso el tiempo aquel
cuando tu risa todo lo inundaba y tu voz
marcaba el límite del mundo.
Aquellos días nuestros
buscándote la linde, reclamándote,
ardiendo sin mesura.
Aquellos días
de íntimas confesiones,
cuando un sitio cualquiera
podía ser lugar de un beso,
podía ser un buen lugar.

Porque fue hermoso el tiempo aquel
si algún día te encuentro
esquivaré tus ojos,
evitaré mirarte.
Si algún día te encuentro
cambiaré el paso, torceré el camino.

No quiero descubrir si se apagó
el cascabel de tu palabra.
No quiero que una mueca
esfume tu mirar de mi memoria.
No quiero a la áspera verdad
derrumbando tu imagen,
arrastrando furiosa los recuerdos,
aventando mi amor como ceniza.

Es tu recuerdo mi refugio
en las noches de blanco abismo,
Es tu recuerdo mi refugio
contra las calles solas,
contra el gris que se esparce por el mundo.
Y será tu recuerdo mi refugio
en los días borrosos venideros,
cuando los ojos ciegos, y los oídos sordos,
cuando mi rostro sea mueca absurda,
cuando el tiempo voraz
haga conmigo su festín.

© Juan José Ayuso Martínez

 

Realidad y Pérdida.

Mis queridos amigos.
Ya se que no apreciáis como yo aprecio
la glauca bruma que suaviza el bosque,
la blanca piel de la alborada
que invita al beso y la caricia.

Ya se, mis jóvenes poetas,
que no es para vosotros
la copa de los árboles
cabello al viento.
Que no escuchais en el trinar de pájaros
el canto que yo escucho.

Se que de noche, como yo,
buscais refugio, algún abrazo,
la algarabía cálida,
el roce de la piel que anhela el beso.

Se que de noche, como yo,
sentís quebrarse las cadenas,
sentís volar el alma al cielo.

Pero ahora, después de lo ocurrido
ya nada es como era antes.

Ahora solo encuentro descampados,
la obra del fuego, soledad.

Ahora me despierto y oigo solo
al vacío zumbarme los oídos.

Ahora las cadenas no se quiebran
ni en la noche hay refugio.

Ahora, mis amigos,
escucho vuestra risa lejos,
tan lejos como cerca escucho
el insistente grito del dolor.

© Juan José Ayuso Martínez