Sobre todo el aire

Sobre todo el aire.
El aire que se arrastra a tus pies,
abre paso a tu persona,
se rinde incondicional
ante tu caminar altivo.
El aire
volando colores por las calles.

Hay niños jugando en la plaza
y sonríen,
hay un árbol refugio de mil aves
y cantan.
Hay un silencio extasiado alrededor
esperando.

Aire, aire…
Huracán que tus caderas provocan,
viento que tu mirada incendia,
el aire hecho música
cuando dices cualquier cosa.

Hay un bosque profundo
que rinde ante ti sus sombras,
Hay un mar que se abre camino
para que perfumes sus corales.
Existe una medida exacta del tiempo
con tus pasos sobre la tierra.

Aire, aire vuelto oro
al vuelo de tu pelo,
aire brillo líquido
al contacto de tu piel,
aire sangre abstracta
fluyendo por la tierra.

El aire, el aire…
Pero sobre todo
el aire que respiro, ese aire
que solo existe a ras de ti.

© Juan José Ayuso Martínez

Los gatos

Al maestro Enrique Gracia Trinidad.

Un hombre toma café
en un ventanal
a pie de calle.
Toma café,
enciende un cigarro
y mira.

Convocan a arrebato
en el pueblo de los gatos.
Rápidos, inquietos
corren, saltan, trepan…
Llaman a los gatos a arrebato
por las calles, solares y callejones.

El hombre sacude la ceniza,
toma un sorbo de café
y observa la calle.
Posee una certeza.

Profundos requiebros maullan las gatas
a los gatos, indiferentes
a los rotos llantos,
a las camadas
de tiernos gatitos.

El hombre contempla los aleros
cuadricular el cielo.
El humo se demora por su barba,
interrogantes volutas,
velando respuestas.
Toma el último sorbo de café.

Sentados,
estática la pose
-cola a la derecha,
ojos felinos-,
sentados,
hieráticos, vigilantes,
los gatos…

El hombre apaga su cigarro,
se levantaba,
paga sus deudas y sale a la calle
donde todos los gatos le aguardan

en perfecto estado de revista.

© Juan José Ayuso Martínez

Penélope

Un día fueron tuyas las nupcias
antes de que el bravo héroe marchara
y quedaras esperando

el retorno de la voz,
la piel,
el músculo que encienden tu alma.

Un día marchó y las comadres decían:
Mira que no volverá seguramente,
y si vuelve será viejo.
Mira que no pensará en tí
cuando unos frescos muslos se le ofrezcan.
Mira que no faltarán bocas
que hagan de tu cuerpo su banquete.

Pero tú sólo pensabas
en el bravo héroe
cuya voz,
cuya piel,
cuya sonrisa
encienden tu alma
en las noches claras del estío.

Y fueron primaveras, veranos, otoños.
Y fue cada vez más fuerte el duelo
entre tu mirada y la piel…
Pero al final volvió:
más viejo,
había conocido otras mujeres.
Y unas decían
y otros reían
y todas se burlaban socarronamente.

Pero yo se
que guardas en tu alma
la suave espuma del amor,
la delicada esencia
de juventud,
que ni la más alta luz de luna llena
podrá jamás igualar.

© Juan José Ayuso Martínez

Día vacacional para el pescado

Hoy
día vacacional para el pescado
por amarre forzoso de la flota
los peces juguetean relajados
Unos
lejanos a las olas por miedosos
Otros
cabriolando en las crestas por audaces

Hoy
día de contención para el bañista
por amenaza de olas masticantes
contemplo el horizonte tras las nubes
furioso el oleaje dentellando

Y exuberante mi alma de este viento
te quiero un beso mar embravecido
y mi mano
a mi lado te busca la cintura
y a mi lado
espera mi sonrisa tu sonrisa

Sin embargo
mi mano manotea en el vacío
y por inercia
topa el áspero tacto del cemento
y mi sonrisa
cien años se marchita en tu vacío

No hay rastro de tu sombra en este sitio
La exaltación de mi alma me nubló
la certeza amarilla de tu falta
y hace frío

¡Mi sol!
A tu noche regresa avariciosa
desdentada la puerta del infierno
cuero fósil abismo horizontal
a tu noche regresa avariciosa
ella

© Juan Jose Ayuso Martínez