Penélope

Un día fueron tuyas las nupcias
antes de que el bravo héroe marchara
y quedaras esperando

el retorno de la voz,
la piel,
el músculo que encienden tu alma.

Un día marchó y las comadres decían:
Mira que no volverá seguramente,
y si vuelve será viejo.
Mira que no pensará en tí
cuando unos frescos muslos se le ofrezcan.
Mira que no faltarán bocas
que hagan de tu cuerpo su banquete.

Pero tú sólo pensabas
en el bravo héroe
cuya voz,
cuya piel,
cuya sonrisa
encienden tu alma
en las noches claras del estío.

Y fueron primaveras, veranos, otoños.
Y fue cada vez más fuerte el duelo
entre tu mirada y la piel…
Pero al final volvió:
más viejo,
había conocido otras mujeres.
Y unas decían
y otros reían
y todas se burlaban socarronamente.

Pero yo se
que guardas en tu alma
la suave espuma del amor,
la delicada esencia
de juventud,
que ni la más alta luz de luna llena
podrá jamás igualar.

© Juan José Ayuso Martínez

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