Parque y Desconchón

Paseo por el parque y me entretienen
los gorriones volando hacia las ramas,
las cotorras y urracas por las copas,
las golondrinas por el cielo.

Veo los pájaros y anhelo
curiosear las ramas, subir las copas, trepar al aire.
Quiero llegar a lo mas alto
y para ello
crezco, me agrando, me agiganto.

Ya mis ojos
escudriñan las ramas,
ya mis piernas
son gruesas como troncos,
ya en mi mano
caben las copas de los árboles.

En este viaje en mi tamaño subo
por el aire, más grande, aún más grande,
llenando el mundo pero…

Topo con mi cabeza contra el techo.

Observo un trozo roto del papel pintado
que finge cielo y nubes,
y un desconchón, debajo, sin rastro de humedad.

Pasean por el parque abuelo y asistenta.
Paran para tomar café y buñuelos,
alrededor los niños juegan.
Toma café y buñuelos el abuelo,
juegan los niños,
y la hermosa asistenta
descubre el pecho luminoso.
Toma café el abuelo, juegan, saltan los niños
mientras ella se eleva poco a poco,
levita lentamente mientras alrededor
más y más niños saltan y gritan a la vez
“yo quiero, yo quiero”.
Ella levita,
rezumando fotones,
dando su mística lechada.

Saltan mas alto, mas alegres,
hasta alcanzar sus brazos,
hasta alcanzar sus pechos para que, amorosa, les de su luz.

Y cantan con fervor, con alegría
mientras se elevan,
achicando árboles,
trepando el aire,
y al final
topan todos contra el techo.

Ya está clara la causa de nuestro desconchón.

© Juan José Ayuso Martínez

 

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