La última noche de reyes

Quizás creías que no lo sabía,
pero yo ya lo sabía y aun así
quise hacer como que no.

Algún niño me dijo, “los reyes no existen, son los padres”,
y se disipó la inocencia, como brillo o humo.
Recuerdo entristecer como en una tarde de domingo.

Yo ya lo sabía
pero tu pensabas que no
y yo quería
mi noche de reyes,
otra mágica mañana.

Quizás lo sospechabas
porque empezaste a colocar juguetes y regalos
antes de dormirnos.
O quizás, simplemente, yo me dormir demasiado tarde.

Aquellas mañanas de sorpresas y novedades:
los juguetes dados en la empresa para hijos de empleados,
algún otro comprado con mucho esfuerzo
y los que te daba tu antigua señora, que fue tan amiga,
de sus hijas ya mayores.
Libros antiguos y juguetes de hojalata
que hoy son los que mejor recuerdo.

No sé si tu lo sabías,
pero yo ya lo sabía y aun así
no quería que acabasen,
quería aferrarme, seguir viviendo
aquellas mañanas de ilusión.

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