Esperanza

A la memoria histórica

Hoy toca carta y sin carta llevo ya tres meses,
sin sol para leerla,
sin papel para la tinta,
sin tinta para las palabras.
Hoy toca escribir y sin escribir llevo ya tres días
y sin responder tú llevas ya tres vidas
Hoy toca volver y sin volver pasare tres siglos, quizás cuatro, quizás cinco.

Allá afuera, los páramos y los bosques,
las carrascas y encinas, los pájaros que vuelan, cantan.
Allá afuera, los trigos y caminos,
las máquinas que trabajan como mil hombres,
los hombres que piensan como máquinas.

El gusano que me comió el ojo
se ha hecho amigo mío,
dice que se le ha enquistado la tristeza
que tenía mi ojo de no verte.

El gusano que entro por el disparo en mi cabeza
se ha acurrucado en un hueco de mi cráneo,
dice que se ha contagiado de la angustia
que tenía la cueva de mi pensamiento.

¿Qué habrá sido de mis hijos?

No grito porque no puedo
con la boca llena de tierra,
con la boca vacía de lengua.
No grito porque no puedo,
que no coge aire el hueco
donde vivían antes mis pulmones.

La lluvia de ochenta años
ha lavado mi esqueleto de rencores,
lo ha dejado impoluto de odios.
La lluvia de ochenta años
solo me ha dejado la esperanza
de estar bajo el rosal que da sombra
a la tumba de la que a mí también me aguarda.

¿Cuándo será, cuando,
el reconciliar de los hermanos?

© Juan José Ayuso Martínez

 

 

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