La chica del tren

Mis ojos subirán tus piernas,
intentarán leer sus tatuajes,
buscar en ellos
el conjuro moreno de tu piel.

Miraré de reojo
la oscura y estrecha franja que separa
un pecho de otro pecho.
Aunque difícil intentaré,
bajo la tenue ropa que los cubre,
discernir el tamaño exacto de sus cimas.

Ajena a mis pesquisas, te entretienes
colocando los rizos de tu pelo
cada uno en su lugar,
verificando rigurosa
que de las cintas de tu blusa
una está en donde debe
y la otra cae
indolente por el hombro.

Que fuego o agua o leche
ocultará tu cuello
que mis dientes reclaman
y solo quieren
saber de su tersura,
saber de su sabor.

Miraré al techo,
echaré un paso atras porque no quiero
transustanciarme lobo hambriento,
perder el mando de mis dientes.

Bella, hermosa, radiante en tus veinte años
estás como si fueses sola en el vagón,
reina o diosa,
y yo
mendigo de mejor soñar
soñaré
que tengo treinta años menos
y soy
el hombre que te espera.

© Juan Jose Ayuso Martínez.

 

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