Nido

Volaba la ternura
buscando nido,
y lo encontró en tus manos.

Fueron dos gorriones del oeste,
donde el lago refleja el atardecer huidizo,
y al calor de tus manos se quedaron a vivir
en el alféizar de tu ventana.

Volaba solitario
queriendo llegar antes al ocaso.

Fueron dos cataratas del este esquivo,
de donde siempre sale el sol de espaldas,
y al calor de tu nido se le olvidó volver.

Crecieron madreselvas y geranios,
creció un aroma de cocina,
crecio una estrella en la alcoba.

Ahora sale el sol de frente,
y, apacible como abuela,
dora los campos al atardecer.

© Juan José Ayuso Martínez

Ángel de Oro

Ángel rubio
puerta transparente, leve, aérea,
de tus manos surgen briznas de color.
Apenas aire
tus alas cubren el cielo.
Briznas de color sobre tus palmas.

Tus ojos alumbran tenebrosos sitios
escrutadora de galaxias y estrellas,
tus ojos son luz por tenebrosos sitios,
alas de oro que sobrevuelan y alzan.
Tus ojos inundan luz,
encalan sombras,
descifran tempestades.

Rotundo ángel áureo,
radiante entrada,
luz de piedra.

© Juan José Ayuso Martínez