Nido

Volaba la ternura
buscando nido,
y lo encontró en tus manos.

Fueron dos gorriones del oeste,
donde el lago refleja el atardecer huidizo,
y al calor de tus manos se quedaron a vivir
en el alféizar de tu ventana.

Volaba solitario
queriendo llegar antes al ocaso.

Fueron dos cataratas del este esquivo,
de donde siempre sale el sol de espaldas,
y al calor de tu nido se le olvidó volver.

Crecieron madreselvas y geranios,
creció un aroma de cocina,
crecio una estrella en la alcoba.

Ahora sale el sol de frente,
y, apacible como abuela,
dora los campos al atardecer.

© Juan José Ayuso Martínez

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