Atardecer en vuelo

Luce dorado el horizonte por su línea,
luce dorado como hoja de oro fina,
y en el punto aquel donde más ilumina
se abre un abanico azul de tonos matinales.
Mientras, va llegando por detrás ansiosa,
la boca voraz de la noche oscura.

Vuelo por donde solo nosotros volamos,
por caminos de espuma y algodón,
por sendas de hilachas de fuego reventón,
donde tras montañas de suave nieve
esconde el sol su último fulgor.

Se difumina este suelo nata y caramelo
bajo el cielo azul oscuro que persiste,
se difumina en pinceladas encendidas,
se difumina para dejarnos a la vista
el rojo rubor del sol en su partida.

Se apaga el limite del mundo,
se apaga como brasa que declina
y quedan desveladas a la vista
las luces de las obras de los hombres,
las luces de los astros de la noche.

Sol que tu luz todo lo domina
que nos revela tanto por el día
nos descubre el hecho de tu huida
la intima luz de muchas otras cosas.

Será por eso que nos llama la noche,
Será por eso que nos atrapa y encandila,
por el ansia de ver en otros corazones
la luz del alma que en ellos se cobija.