Quieto

Me estoy quieto, amor,
mientras tus dedos,
juguetones, bucean por mi pelo.
Mientras tú mano
tiernamente
mi cuello explora
anunciandome tus besos,
presagiando el envite de tu boca.

Me estoy quieto, amor,
mientras tus dientes buscan
nervio bajo el temblor
desde mi hombro hasta mi nuca.

Y me estalla el pecho
y un fuego por el vientre
hasta mi sexo
que se yergue
y se estrella
contra el aire que le envuelve.

Me estoy quieto,
amor,
mientras tus manos
por mi ingle y sus contornos
destapan rosas y prepucios
haciendo tuyos mis secretos.

Me estoy quieto, amor,
ofrendada gacela,
leña al fuego,
razón de hambre.
Quieto, amor, como querías.

Día vacacional para el pescado

Hoy
día vacacional para el pescado
por amarre forzoso de la flota
los peces juguetean relajados
Unos
lejanos a las olas por miedosos
Otros
cabriolando en las crestas por audaces

Hoy
día de contención para el bañista
por amenaza de olas masticantes
contemplo el horizonte tras las nubes
furioso el oleaje dentellando

Y exuberante mi alma de este viento
te quiero un beso mar embravecido
y mi mano
a mi lado te busca la cintura
y a mi lado
espera mi sonrisa tu sonrisa

Sin embargo
mi mano manotea en el vacío
y por inercia
topa el áspero tacto del cemento
y mi sonrisa
cien años se marchita en tu vacío

No hay rastro de tu sombra en este sitio
La exaltación de mi alma me nubló
la certeza amarilla de tu falta
y hace frío

¡Mi sol!
A tu noche regresa avariciosa
desdentada la puerta del infierno
cuero fósil abismo horizontal
a tu noche regresa avariciosa
ella

© Juan Jose Ayuso Martínez

 

Recuerdo y Refugio.

Porque fue hermoso el tiempo aquel
cuando tu risa todo lo inundaba y tu voz
marcaba el límite del mundo.
Aquellos días nuestros
buscándote la linde, reclamándote,
ardiendo sin mesura.
Aquellos días
de íntimas confesiones,
cuando un sitio cualquiera
podía ser lugar de un beso,
podía ser un buen lugar.

Porque fue hermoso el tiempo aquel
si algún día te encuentro
esquivaré tus ojos,
evitaré mirarte.
Si algún día te encuentro
cambiaré el paso, torceré el camino.

No quiero descubrir si se apagó
el cascabel de tu palabra.
No quiero que una mueca
esfume tu mirar de mi memoria.
No quiero a la áspera verdad
derrumbando tu imagen,
arrastrando furiosa los recuerdos,
aventando mi amor como ceniza.

Es tu recuerdo mi refugio
en las noches de blanco abismo,
Es tu recuerdo mi refugio
contra las calles solas,
contra el gris que se esparce por el mundo.
Y será tu recuerdo mi refugio
en los días borrosos venideros,
cuando los ojos ciegos, y los oídos sordos,
cuando mi rostro sea mueca absurda,
cuando el tiempo voraz
haga conmigo su festín.

© Juan José Ayuso Martínez

 

Venganza

Mi tristeza es un señor mayor de barba sucia
que esconde algo tras la espalda.

Al fondo de la mirada fiera
vive aquel vuelo de gaviotas,
en el poso de su voz agria
resuenan las palabras que una vez fueron dichas.

Mi tristeza es una mujer
armada de cuchillo,
con su sonrisa amarga me predice
un dolor inminente.

La primera cuchillada
hace brotar de la herida su sonrisa.
Tras la segunda
mana el aroma mortal de su pelo.

Me sacan los ojos
para que no puedan dejar de ver sus ojos negros.
Me abren el pecho
para salarme el corazón con su sal mas húmeda.

Y cada golpe,
cada golpe rompe por un lado,
y cada cuchillada escarba en una grieta.
Pronto será la riada…

Mi tristeza busca un fondo de algas y peces,
es una piedra que me lastra y ya no puedo.
Me dejaré hundir
hasta el vacío de su cuerpo.
Me dejaré degollar
por la luz de su sonrisa.

© Juan José Ayuso

 

Iré a buscarte

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Iré a buscarte al fondo de lo oscuro
orilla del susurro donde gime el agua,
donde abrasa el aire a ras del suelo.

Iré a buscarte al ​fondo de lo oscuro.
Me tumbaré allí donde la yerba es alta,
Mi piel acariciada tomada por las hojas,
Sentiré como crece surge entre mis ingles,
como sube por el pecho a los pezones.

Iré a buscarte al fondo de lo oscuro
donde unos labios con sus dientes busquen mi entrepierna,
donde una boca con su lengua haga fuente de mi sexo,
donde quieran saciar su hambre y sed conmigo.

¿Serás tú la lengua que mi lengua encuentra
las manos que desnudan al sexo de su piel?
¿Serás tú el cuerpo que me enciende,
las uñas que mi espalda aran,
los grilletes que me aferran?

Cantan los pájaros gemidos,
suspira la yerba exacerbada,
lava es el aire entre los cuerpos.

¡Ay amor que tu boca loca!
¡Ay amor que tu cuerpo fuego!
Quieren las estrellas arrancarse,
quiere los árbol aferrar el aire,
quiere el mar batir el fondo.
!Ay amor que también el cielo!
¡Amor!
¡El cielo, el cielo!

© Juan José Ayuso

 

Fauno

Quiero ser humo dulce, licor suave
que suelte las amarras del sentido,
rompa diques, libere al sometido,
al impío pudor la tumba cabe.

Quiero ser el ungüento que recabe
por las honduras de tu piel latido
presuroso, febril. Entrometido
rumor que tu desdén al fin acabe.

Consiéntele a mi boca que haga el juego
que rebrote las fuentes de tu sal.
Consiéntele a mis manos como algas
ardan tu cuerpo con lascivo fuego.
Consiéntele a mi espíritu animal,
déjalo cabalgar sobre tus nalgas.

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Solicitud

Cuando te miro invaden mis entrañas
el lascivo deseo de tu cuerpo,
la lúbrica ansia de tus pechos,
la urgencia doble por tus cachas
donde bata sus olas corazón.

Cuando vienes adrede a molestar
-porque te gusta molestarme-
surge salvaje en mi el deseo
de abrirte de piernas y tomarte,
de penetrar tu cuerpo de misterio.
Tierno minero de tu sexo quiero
buscar por las honduras de tu vientre.

Pero al final,
cuando a mi lado te acurrucas
solo tengo una opción:
solicitar tu amor con un abrazo,
como único alegato
poner ojitos tiernos,
y con cien mil besos ardiendo
firmar mi petición.