Volvería

Con un cuarto vacío de aire helado
y una tumba paciente con su día,
de ti y de tu mirar, melancolía,
anhelo de vejez contigo al lado.

Rumores son de nuestro amor pasado,
rumores contra mi monotonía,
contra mi soledad del día a día,
con calor de deseo renovado.

Fue nuestro tiempo mil granos de arena,
se quebró el cristal de mil colores,
explotó en gris de un golpe la condena.

Otra vez consumido en tus ardores,
en tus ojos de mar que son cadena.
Cenizas, otra vez, de tus amores.

© Juan José Ayuso Martínez

 

Hasta donde

Después de navegado tanto mar,
arribado mil puertos,
sufrido tormentas, naufragios,
dice el marinero
que solo queda un mar por descubrir.

Después de andados mil caminos,
después de vista tanta iglesia,
de hablado mil idiomas
dice el viajero
que no hay lugar inédito al que ir.

Y dice el astronauta,
después de haber subido a su cohete,
abandonado nuestra atmósfera
y alcanzado la luna y regresado,
dice
que no le bastan cielo ni mar para vivir.

¿Y yo?
¿Que diré yo
después de haber estado juntos,
de saciarme de sed con la carne de tu pecho,
de beber de tu vientre torrentes de gemidos?
¿Que diré yo después?

© Juan José Ayuso Martínez

 

Sin Permiso

Sin permiso subiré
los pliegues de tu falda,
subiré
por tu muslo a la cadera.

Sin permiso subiré
el costado de tu vientre,
Buscaré primavera
en la cumbre de tus pechos.

Romperé
los diques de tu sexo,
traeré el temblor
a las simas de tu pubis, el fuego que grita.
Buscaré
en tu cuerpo refugio,
derramar
en él
mi corazón.

Ay amor! Amor!

El pensamiento callado,
abandonado de mí, náufrago.

Tú el mar que me arriba,
tú el sol que me calienta,
tú la vida.

© Juan José Ayuso Martínez

 

Quieto

Me estoy quieto, amor,
mientras tus dedos,
juguetones, bucean por mi pelo.
Mientras tú mano
tiernamente
mi cuello explora
anunciandome tus besos,
presagiando el envite de tu boca.

Me estoy quieto, amor,
mientras tus dientes buscan
nervio bajo el temblor,
fuego bajo la carne
y me estalla el pecho
en un raudal de lava por el vientre
hasta mi sexo
que se yergue,
que se estrella
contra el aire que le envuelve.

Me estoy quieto,
amor,
mientras tus manos
por mi ingle y sus contornos
destapan rosas y prepucios
haciendo tuyos mis secretos.

Para ti, mi amor,
me estoy quieto,
amor, muy quieto.

Día vacacional para el pescado

Hoy
día vacacional para el pescado
por amarre forzoso de la flota
los peces juguetean relajados
Unos
lejanos a las olas por miedosos
Otros
cabriolando en las crestas por audaces

Hoy
día de contención para el bañista
por amenaza de olas masticantes
contemplo el horizonte tras las nubes
furioso el oleaje dentellando

Y exuberante mi alma de este viento
te quiero un beso mar embravecido
y mi mano
a mi lado te busca la cintura
y a mi lado
espera mi sonrisa tu sonrisa

Sin embargo
mi mano manotea en el vacío
y por inercia
topa el áspero tacto del cemento
y mi sonrisa
cien años se marchita en tu vacío

No hay rastro de tu sombra en este sitio
La exaltación de mi alma me nubló
la certeza amarilla de tu falta
y hace frío

¡Mi sol!
A tu noche regresa avariciosa
desdentada la puerta del infierno
cuero fósil abismo horizontal
a tu noche regresa avariciosa
ella

© Juan Jose Ayuso Martínez

 

Recuerdo y Refugio.

Porque fue hermoso el tiempo aquel
cuando tu risa todo lo inundaba y tu voz
marcaba el límite del mundo.
Aquellos días nuestros
buscándote la linde, reclamándote,
ardiendo sin mesura.
Aquellos días
de íntimas confesiones,
cuando un sitio cualquiera
podía ser lugar de un beso,
podía ser un buen lugar.

Porque fue hermoso el tiempo aquel
si algún día te encuentro
esquivaré tus ojos,
evitaré mirarte.
Si algún día te encuentro
cambiaré el paso, torceré el camino.

No quiero descubrir si se apagó
el cascabel de tu palabra.
No quiero que una mueca
esfume tu mirar de mi memoria.
No quiero a la áspera verdad
derrumbando tu imagen,
arrastrando furiosa los recuerdos,
aventando mi amor como ceniza.

Es tu recuerdo mi refugio
en las noches de blanco abismo,
Es tu recuerdo mi refugio
contra las calles solas,
contra el gris que se esparce por el mundo.
Y será tu recuerdo mi refugio
en los días borrosos venideros,
cuando los ojos ciegos, y los oídos sordos,
cuando mi rostro sea mueca absurda,
cuando el tiempo voraz
haga conmigo su festín.

© Juan José Ayuso Martínez

 

Venganza

Mi tristeza es un señor mayor de barba sucia
que esconde algo tras la espalda.

Al fondo de la mirada fiera
vive aquel vuelo de gaviotas,
en el poso de su voz agria
resuenan las palabras que una vez fueron dichas.

Mi tristeza es una mujer
armada de cuchillo,
con su sonrisa amarga me predice
un dolor inminente.

La primera cuchillada
hace brotar de la herida su sonrisa.
Tras la segunda
mana el aroma mortal de su pelo.

Me sacan los ojos
para que no puedan dejar de ver sus ojos negros.
Me abren el pecho
para salarme el corazón con su sal mas húmeda.

Y cada golpe,
cada golpe rompe por un lado,
y cada cuchillada escarba en una grieta.
Pronto será la riada…

Mi tristeza busca un fondo de algas y peces,
es una piedra que me lastra y ya no puedo.
Me dejaré hundir
hasta el vacío de su cuerpo.
Me dejaré degollar
por la luz de su sonrisa.

© Juan José Ayuso