Siempre En Medio

Tras una noche de mal sueño,
de humores y olores,
de legañas en los ojos, ojeras, halitosis
y la negativa del cuerpo a obedecer
si no hay una taza de café por medio.

Ante la perspectiva de un día gris,
de un angustioso viaje hasta el trabajo,
de muchas horas de suplicio alienante
y otra derrota más cristalizada en la sangre
a última hora de la tarde.

Ante esto
y tras lo otro
solo tu sonrisa me salva la vida.

© Juan José Ayuso Martínez

 

Locura final

El hueco del colchón
delata tu presencia,
la forma de tus muslos
que con dientes y lábios y suspiros
tantas veces mi boca recorrió.
Estás aquí, lo sé, en lo oscuro,
susurrándome lasciva
que alimente tus pechos de gozo y de deleite.

Quizás me esté volviendo loco
pero yo sé que estás ahí,
tras la cortina de la ducha,
desnuda,
en la cocina tras la puerta,
en el armario
jugando al escondite.

Puede que loco, si,
pero te siento, te oigo,
andando por la casa,
hablando en la escalera.
Salgo al balcón
y es tu perfume el aire
y son tu voz todos los pájaros
y son tú todas las mujeres

y no hay materia que no te recuerde
y no hay reloj que marque otros latidos
y no hay luz que no venga de tus ojos.

Loco, si, loco!
antes de ti y ahora,
sin ti,
sencillamente loco.

© Juan José Ayuso Martínez

 

Volvería

Con un cuarto vacío de aire helado
y una tumba paciente con su día,
de ti y de tu mirar, melancolía,
anhelo de vejez contigo al lado.

Rumores son de nuestro amor pasado,
rumores contra mi monotonía,
contra mi soledad del día a día,
con calor de deseo renovado.

Fue nuestro tiempo mil granos de arena,
se quebró el cristal de mil colores,
explotó en gris de un golpe la condena.

Otra vez consumido en tus ardores,
en tus ojos de mar que son cadena.
Cenizas, otra vez, de tus amores.

© Juan José Ayuso Martínez

 

Hasta donde

Después de navegado tanto mar,
arribado mil puertos,
sufrido tormentas, naufragios,
dice el marinero
que solo queda un mar por descubrir.

Después de andados mil caminos,
después de vista tanta iglesia,
de hablado mil idiomas
dice el viajero
que no hay lugar inédito al que ir.

Y dice el astronauta,
después de haber subido a su cohete,
abandonado nuestra atmósfera
y alcanzado la luna y regresado,
dice
que no le bastan cielo ni mar para vivir.

¿Y yo?
¿Que diré yo
después de haber estado juntos,
de saciarme de sed con la carne de tu pecho,
de beber de tu vientre torrentes de gemidos?
¿Que diré yo después?

© Juan José Ayuso Martínez

 

Sin Permiso

Sin permiso subiré
los pliegues de tu falda,
subiré
por tu muslo a la cadera.

Sin permiso subiré
el costado de tu vientre,
Buscaré primavera
en la cumbre de tus pechos.

Romperé
los diques de tu sexo,
traeré el temblor
a las simas de tu pubis, el fuego que grita.
Buscaré
en tu cuerpo refugio,
derramar
en él
mi corazón.

Ay amor! Amor!

El pensamiento callado,
abandonado de mí, náufrago.

Tú el mar que me arriba,
tú el sol que me calienta,
tú la vida.

© Juan José Ayuso Martínez

 

Quieto

Me estoy quieto, amor,
mientras tus dedos,
juguetones, bucean por mi pelo.
Mientras tú mano
tiernamente
mi cuello explora
anunciandome tus besos,
presagiando el envite de tu boca.

Me estoy quieto, amor,
mientras tus dientes buscan
nervio bajo el temblor,
fuego bajo la carne
y me estalla el pecho
en un raudal de lava por el vientre
hasta mi sexo
que se yergue,
que se estrella
contra el aire que le envuelve.

Me estoy quieto,
amor,
mientras tus manos
por mi ingle y sus contornos
destapan rosas y prepucios
haciendo tuyos mis secretos.

Para ti, mi amor,
me estoy quieto,
amor, muy quieto.

Día vacacional para el pescado

Hoy
día vacacional para el pescado
por amarre forzoso de la flota
los peces juguetean relajados
Unos
lejanos a las olas por miedosos
Otros
cabriolando en las crestas por audaces

Hoy
día de contención para el bañista
por amenaza de olas masticantes
contemplo el horizonte tras las nubes
furioso el oleaje dentellando

Y exuberante mi alma de este viento
te quiero un beso mar embravecido
y mi mano
a mi lado te busca la cintura
y a mi lado
espera mi sonrisa tu sonrisa

Sin embargo
mi mano manotea en el vacío
y por inercia
topa el áspero tacto del cemento
y mi sonrisa
cien años se marchita en tu vacío

No hay rastro de tu sombra en este sitio
La exaltación de mi alma me nubló
la certeza amarilla de tu falta
y hace frío

¡Mi sol!
A tu noche regresa avariciosa
desdentada la puerta del infierno
cuero fósil abismo horizontal
a tu noche regresa avariciosa
ella

© Juan Jose Ayuso Martínez