Todo lo empezó su mano

Todo lo empezó su mano
que suave se posó en la almohada.
Ofrecida
como para dar un paseo,
como para andar agarrados.
Ella hablaba,
pero sus palabras se hundían
en el vacío insondable de mi mente.

Empezó su mano
y continuo mi mano.
Bajando
desde la yemas de sus dedos hasta la palma,
Trazando
el contorno de su hueco,
siguiendo
por la linea de la vida,
la linea del amor,
la de la muerte.
Atravesando hasta llegar a la muñeca,
subiendo
por la piel suave del antebrazo.

Y luego vino el beso;
bese todos sus dedos,
uno a uno
todos los nudillos,
Todas las líneas:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.
Bese su torso, la muñeca
beso a beso fui rodeando.
Y seguí por el antebrazo,
y de allí seguí al brazo,
y luego,
más allá del brazo…

Y mas allá estaba el fuego,
el fuego de sus ojos,
de su alma el fuego
que me encendió por su mano.
El fuego que por mi mano
prendió en mi alma,
el fuego que nos abrasaba,
el fuego que nos fundía,
que nos encendía
como a uno:
faro, estrella o sol.

Ya no hay nada mas allá,
solo queda este fuego,
este fuego…
fuego…
fuego…

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Fauno

Quiero ser humo dulce, licor suave
que suelte las amarras del sentido,
rompa diques, libere al sometido,
al impío pudor la tumba cabe.

Quiero ser el ungüento que recabe
por las honduras de tu piel latido
presuroso, febril. Entrometido
rumor que tu desdén al fin acabe.

Consiéntele a mi boca que haga el juego
que rebrote las fuentes de tu sal.
Consiéntele a mis manos como algas
ardan tu cuerpo con lascivo fuego.
Consiéntele a mi espíritu animal,
déjalo cabalgar sobre tus nalgas.

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Solicitud

Cuando te miro invaden mis entrañas
el lascivo deseo de tu cuerpo,
la lúbrica ansia de tus pechos,
la urgencia doble por tus cachas
donde bata sus olas corazón.

Cuando vienes adrede a molestar
-porque te gusta molestarme-
surge salvaje en mi el deseo
de abrirte de piernas y tomarte,
de penetrar tu cuerpo de misterio.
Tierno minero de tu sexo quiero
buscar por las honduras de tu vientre.

Pero al final,
cuando a mi lado te acurrucas
solo tengo una opción:
solicitar tu amor con un abrazo,
como único alegato
poner ojitos tiernos,
y con cien mil besos ardiendo
firmar mi petición.

Clamor y Derrota

Puedo sentirme héroe invencible
bajo la luz de tu mirada,
cuando me sonries.
De noche, cuando te acurrucas,
puedo llegar a sentirme campeón del mundo,
muralla infranqueable ante todo mal:
es lo que tiene ser alto,
que te lo puedes llegar a creer.

Pero entonces…
¿Si no puedo llevar tu carga a las espaldas,
si no puedo ser roca o parapeto y protegerte,
si no puedo hacer nada por tí,
para qué valgo?
¡Por favor!
¡No me dejes solo en el rincón,
que me muero!

 

Luz Leve

Me gusta así, la luz, apaciguada.
Tu a mi lado tumbada, suavemente
tu mirada, tu cara luminosa
sobre el azul y el frío de este cuarto.

Me gusta así, el aire, quieto.
Y entre tu y yo este resplandor
que crece y llega a las orillas
de tu vientre, de mi vientre.

Crece, crece su luz, anega el aire,
inunda nuestros cuerpos
cuando miro tus ojos,
cuando besas mis labios,
cuando mi sexo arriba
la playa de tu sexo.

Me gusta estar así, contigo, envueltos
en la luz apagada de este instante,
en la luz encendida del deseo,
en el ámbar de un tiempo suspendido.

Nubes

Pasan las nubes blancas como seda,
redondas formas voluptuosas,
como de pechos suaves,
como de tersas nalgas.

¡Ay!

Pasan las nubes blancas,
las nubes grises de tormenta,
amenazando rayos,
amenazando lluvia.
¡lluvia, que al fin,
penetrará la tierra!

© Juan José Ayuso Martínez

 

Angelita guarrilla

Mi angelita guarrilla,
mi tierno ángel con sexo.
Que me Inspiras
con tus palabras,
con tus gestos…

¡Mi angelita guarrilla!
Que me provocas
con tu mirada,
con tu sonrisa
el sentir mas dulce,
el fuego mas intenso.

¡Ardiente ángel de mi sexo!
¡Desatado
me encaramo a tu cintura!
¡Enardecido
me agarro a tu pecho!
¡Enredado entre tus piernas
me llevan tus alas
en vuelo,
en vuelo,
al mas dulce de los cielos!

© Juan Jose Ayuso Martínez

 

Te daré todos los besos

Te daré todos los besos
como si fuesen mis últimos besos.
Porque puede que un día
al cruzar la esquina
encuentres un nuevo amor.
Y de repente
una impenetrable barrera de cristal
divida el mundo en dos mitades.
Y yo quede al lado de acá
gritando a jirones,
y tu quedes al lado de allá
sin oir mis gritos ensangrentados,
sin ni siquiera reparar en mi agonía,
sin que ni siquiera tengas un pensamiento a mi favor.
Y todo ello
por no haberte amado como es debido.

Te daré todos los besos
como si fuesen mis últimos besos.
Porque puede que un día
sin aviso ni despedida
desaparezcas de mi vida.
Y de repente
las vecinas y tenderos del barrio
ya no darán noticia de ti.
Los edificios y las casas
revelarán su naturaleza de áspera y dura materia.
Las calles, carreteras y caminos
solo serán lineas rectas
que no llevan a ninguna parte,
que me atraviesan como espadas ardientes,
que me encastran en los muros de este infierno de ciudad.
Y todo ello
por no haberte cuidado como es debido.

Te daré todos los besos
como si fuesen mis últimos besos.
Porque puede que un día
al llegar a casa, al abrir la puerta,
me encuentre con la muerte.
Ella estará allí
cómodamente sentada en mi mejor sillón,
bebiendose mi mejor vino,
con la picota y el hacha ya preparadas para mi.
Mirándome con sus ojos de negro abismo,
hablándome con su voz de resonante angustia,
agarrandome con su mano de ceniza y humo de carne
me dirá, riéndose burlona:
“¿Te has despedido como es debido?”

Te daré todos los besos
como si fuesen mis últimos besos,
Como si fuesen mis primeros besos,
besos de hambre eterna
Besos que empiezan y no acaban.
Besos como si no hubiese
ni ayer ni mañana,
besos como arpones
que buscan tu alma,
besos como fauces
tras la gacela que escapa,
besos como lava
que todo lo funde y abrasa,
besos como el estertor que ocurre
cuando mi alma de mi a ti se pasa.

© Juan José Ayuso Martínez

 

Los que siempre llegan tarde

Aquellos, los que siempre llegan tarde,
solo buscan subvertir el orden establecido.
Por su acción
Todo plan, por infinito que sea,
queda inmediatamente reducido a cenizas.
Las estrellas, los planetas y la luna
salen despedidos de sus órbitas,
no sabemos si a un nuevo lugar en el universo
o para vagar eternamente por el firmamento.

Aquellos, los que siempre llegan tarde,
solo buscan llamar nuestra atención.
Por su acción
Todo asunto, por transcendente que sea,
queda inmediatamente pospuesto hasta nuevo cataclismo.
Todo hombre, animal o cosa
ha de atender sin dilación ni excusa
hacía ese nuevo centro por ellos decido,
no sabemos si para recibir una buena noticia
o simplemente contemplar a sus amos.

Tu, como de costumbre, llegarás tarde.
Toda mi inteligencia no bastará
para contener la rabia que me embarga.
Ya no hay tiempo en toda la historia del tiempo
para todo aquello que nos prometimos.
Pero aún puede ser peor
porque
de repente,
el mas atroz pensamiento me invade
y pienso,
de repente,
que no es que esté ocurriendo que llegues tarde
si no que puede estar ocurriendo que nunca llegues.
Y en este momento
Bajo mis pies
se abre el suelo
y mi alma cae al mas horrible de los infiernos.

Tu, como de costumbre, has llegado tarde.
Tu sonrisa es como una nueva creación
después del fin del mundo.
En este momento
todos los relojes han empezado a caminar de nuevo.
Llegas tarde a propósito.
¡Bruja de mi corazón,
hechicera de mis sentimientos!
Llegas tarde a propósito
para que me de cuenta
del horror que sería
que no llegases nunca
Y así nunca llegue el día
en el que no me importe
que llegues tarde
o que no llegues.

© Juan José Ayuso Martínez

Mi novia me cuenta

Mi novia me cuenta sus pequeñas cosas:
“Hoy se me ha hecho muy aburrido el trabajo…”,
“He comido con una amiga…”,
“Estoy cansada y he discutido con mi padre…”
Y me las cuenta a mi,
que siempre he pensado
que solo se debe abrir la boca
para decir lo importante,
para vomitar lo terrible y profundo que habita nuestra alma,
para proclamar palabras graves y categóricas…

Mi novia me cuenta sus pequeñas cosas
y se abren todos los embalses
y fluyen todos los rios
y vuelven a la paz de sus cauces y su discurrir.

Y desde que me cuenta sus pequeñas cosas
yo ya no soy muro,
si no rumor
de agua, susurro
del aire, caricia
de las nubes que pasan por el cielo.

Desde que mi novia me cuenta sus pequeñas cosas
transcurren los días, con sus mañanas,
llenas de los cantos y chillidos de los vecenjos
que anidan en lo alto del edificio en el que habito,
que a primera hora de la mañana
parten en vuelo
buscando el desayuno que les depara el aire.