Quieto

Me estoy quieto, amor,
mientras tus dedos,
juguetones, bucean por mi pelo.
Mientras tú mano
tiernamente
mi cuello explora
anunciandome tus besos,
presagiando el envite de tu boca.

Me estoy quieto, amor,
mientras tus dientes buscan
nervio bajo el temblor
desde mi hombro hasta mi nuca.

Y me estalla el pecho
y un fuego por el vientre
hasta mi sexo
que se yergue
y se estrella
contra el aire que le envuelve.

Me estoy quieto,
amor,
mientras tus manos
por mi ingle y sus contornos
destapan rosas y prepucios
haciendo tuyos mis secretos.

Me estoy quieto, amor,
ofrendada gacela,
leña al fuego,
razón de hambre.
Quieto, amor, como querías.

Iré a buscarte

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Iré a buscarte al fondo de lo oscuro
orilla del susurro donde gime el agua,
donde abrasa el aire a ras del suelo.

Iré a buscarte al ​fondo de lo oscuro.
Me tumbaré allí donde la yerba es alta,
Mi piel acariciada tomada por las hojas,
Sentiré como crece surge entre mis ingles,
como sube por el pecho a los pezones.

Iré a buscarte al fondo de lo oscuro
donde unos labios con sus dientes busquen mi entrepierna,
donde una boca con su lengua haga fuente de mi sexo,
donde quieran saciar su hambre y sed conmigo.

¿Serás tú la lengua que mi lengua encuentra
las manos que desnudan al sexo de su piel?
¿Serás tú el cuerpo que me enciende,
las uñas que mi espalda aran,
los grilletes que me aferran?

Cantan los pájaros gemidos,
suspira la yerba exacerbada,
lava es el aire entre los cuerpos.

¡Ay amor que tu boca loca!
¡Ay amor que tu cuerpo fuego!
Quieren las estrellas arrancarse,
quiere los árbol aferrar el aire,
quiere el mar batir el fondo.
!Ay amor que también el cielo!
¡Amor!
¡El cielo, el cielo!

© Juan José Ayuso

 

Fauno

Quiero ser humo dulce, licor suave
que suelte las amarras del sentido,
rompa diques, libere al sometido,
al impío pudor la tumba cabe.

Quiero ser el ungüento que recabe
por las honduras de tu piel latido
presuroso, febril. Entrometido
rumor que tu desdén al fin acabe.

Consiéntele a mi boca que haga el juego
que rebrote las fuentes de tu sal.
Consiéntele a mis manos como algas
ardan tu cuerpo con lascivo fuego.
Consiéntele a mi espíritu animal,
déjalo cabalgar sobre tus nalgas.

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Solicitud

Cuando te miro invaden mis entrañas
el lascivo deseo de tu cuerpo,
la lúbrica ansia de tus pechos,
la urgencia doble por tus cachas
donde bata sus olas corazón.

Cuando vienes adrede a molestar
-porque te gusta molestarme-
surge salvaje en mi el deseo
de abrirte de piernas y tomarte,
de penetrar tu cuerpo de misterio.
Tierno minero de tu sexo quiero
buscar por las honduras de tu vientre.

Pero al final,
cuando a mi lado te acurrucas
solo tengo una opción:
solicitar tu amor con un abrazo,
como único alegato
poner ojitos tiernos,
y con cien mil besos ardiendo
firmar mi petición.

Desnudo y Muerte

¿Por qué será que siempre estoy desnudo
en el sueño, contigo?
Cuando la misa,
arrimado a tu espalda
crece mi sexo
mientras el cura perorata
para que le entreguemos el alma a su demonio.
Y la de familiares
y amigos y mascotas, de tener.

¿Por qué será que siempre estoy desnudo
en el mundo, contigo?
Cuando en el centro comercial
lamo tus pechos insaciable,
mientras rebaño de tu cuerpo
pasan familias derrotadas,
encadenadas a sus carros, sufren
la farsa de un vacío bienestar.

¿Por qué siempre, desnudo,
contigo?
Cuando en el campo de batalla
soldados tristes marchan,
-amarga su sentencia, irremediable-
marchan mientras yo bebo, enajenado,
del licor de tu sexo
como borracho que huye del delirio.

Llega la muerte.
Llega la muerte negro abismo
mientras tu juegas indolente,
señora de mi sexo,
ajena a su ceniza.
Llega la muerte y se detiene,
se detiene irritada
mientras tú, vacilante, juguetona,
decides donde acogerás mi pene.

Llega la muerte
pero no has de temer:
un Dios salvaje
tomará posesión de nuestros cuerpos
y hará que emitan luz.

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Luz Leve

Me gusta así, la luz, apaciguada.
Tu a mi lado tumbada, suavemente
tu mirada, tu cara luminosa
sobre el azul y el frío de este cuarto.

Me gusta así, el aire, quieto.
Y entre tu y yo este resplandor
que crece y llega a las orillas
de tu vientre, de mi vientre.

Crece, crece su luz, anega el aire,
inunda nuestros cuerpos
cuando miro tus ojos,
cuando besas mis labios,
cuando mi sexo arriba
la playa de tu sexo.

Me gusta estar así, contigo, envueltos
en la luz apagada de este instante,
en la luz encendida del deseo,
en el ámbar de un tiempo suspendido.

Nubes

Pasan las nubes blancas como seda,
redondas formas voluptuosas,
como de pechos suaves,
como de tersas nalgas.
¡Ay, tus hermosas nalgas!

Pasan las nubes blancas,
las nubes grises de tormenta,
amenazando rayos,
amenazando lluvia.
¡lluvia, que al fin,
penetrará la tierra!

© Juan José Ayuso Martínez