Sobre todo el aire

Sobre todo el aire.
El aire que se arrastra a tus pies,
abre paso a tu persona,
se rinde incondicional
ante tu caminar altivo.
El aire
volando colores por las calles.

Hay niños jugando en la plaza
y sonríen,
hay un árbol refugio de mil aves
y cantan.
Hay un silencio extasiado alrededor
esperando.

Aire, aire…
Huracán que tus caderas provocan,
viento que tu mirada incendia,
el aire hecho música
cuando dices cualquier cosa.

Hay un bosque profundo
que rinde ante ti sus sombras,
Hay un mar que se abre camino
para que perfumes sus corales.
Existe una medida exacta del tiempo
con tus pasos sobre la tierra.

Aire, aire vuelto oro
al vuelo de tu pelo,
aire brillo líquido
al contacto de tu piel,
aire sangre abstracta
fluyendo por la tierra.

El aire, el aire…
Pero sobre todo
el aire que respiro, ese aire
que solo existe a ras de ti.

© Juan José Ayuso Martínez

Venganza

Mi tristeza es un señor mayor de barba sucia
que esconde algo tras la espalda.

Al fondo de la mirada fiera
vive aquel vuelo de gaviotas,
en el poso de su voz agria
resuenan las palabras que una vez fueron dichas.

Mi tristeza es una mujer
armada de cuchillo,
con su sonrisa amarga me predice
un dolor inminente.

La primera cuchillada
hace brotar de la herida su sonrisa.
Tras la segunda
mana el aroma mortal de su pelo.

Me sacan los ojos
para que no puedan dejar de ver sus ojos negros.
Me abren el pecho
para salarme el corazón con su sal mas húmeda.

Y cada golpe,
cada golpe rompe por un lado,
y cada cuchillada escarba en una grieta.
Pronto será la riada…

Mi tristeza busca un fondo de algas y peces,
es una piedra que me lastra y ya no puedo.
Me dejaré hundir
hasta el vacío de su cuerpo.
Me dejaré degollar
por la luz de su sonrisa.

© Juan José Ayuso

 

Desnudo y Muerte

¿Por qué será que siempre estoy desnudo
en el sueño, contigo?
Cuando la misa,
arrimado a tu espalda
crece mi sexo
mientras el cura perorata
para que le entreguemos el alma a su demonio.
Y la de familiares
y amigos y mascotas, de tener.

¿Por qué será que siempre estoy desnudo
en el mundo, contigo?
Cuando en el centro comercial
lamo tus pechos insaciable,
mientras rebaño de tu cuerpo
pasan familias derrotadas,
encadenadas a sus carros, sufren
la farsa de un vacío bienestar.

¿Por qué siempre, desnudo,
contigo?
Cuando en el campo de batalla
soldados tristes marchan,
-amarga su sentencia, irremediable-
marchan mientras yo bebo, enajenado,
del licor de tu sexo
como borracho que huye del delirio.

Llega la muerte.
Llega la muerte negro abismo
mientras tu juegas indolente,
señora de mi sexo,
ajena a su ceniza.
Llega la muerte y se detiene,
se detiene irritada
mientras tú, vacilante, juguetona,
decides donde acogerás mi pene.

Llega la muerte
pero no has de temer:
un Dios salvaje
tomará posesión de nuestros cuerpos
y hará que emitan luz.

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Viaje y Huida

El primer hombre que viajó
lo hizo
por saber del lugar al que iba el sol,
al esconderse por la tarde,
y no entender,
por qué luego salía por un sitio distinto.

Ese primer viajero
decidió
dejar atrás su cueva, quizas su hembra y prole,
y los fantasmas que le acompañaban por la noche.
No quiso
llevarse un paisaje de equipaje.

Y ese primer viajero
partió
rumbo a donde se pone el sol
(o a donde sale, es lo mismo)
y andando, andando
encontró
el mar, y un horizonte al fondo,
y el sol yendose indiferente,
o burlón,
detrás de él,
para salir luego por un sitio distinto.

El primer hombre
que llegó,
persiguiendo al sol, al mismo sitio del que había partido,
no entendió
que había dado la vuelta ¡pobre!
no comprendió
que es lo que había pasado.

Y volvió otra vez a emprender la marcha,
con un poquito de rabia,
con un poquito mas de ahinco.

No es viajar
marchar
con los fantasmas a cuestas de cuatro en cuatro,
y los chiquillos de las manos.

No es viajar
llevarse
el triangulo formado por un cedro, el muro de tu casa y el naranjo,
y buscar donde encajen como pieza en rompecabezas.

No es viajar
arrastrar
el paisaje del anochecer desde tu ventana
y el canto del almuédano por la mañana.

No es viajar
andar así
para luego encontrar
estos seres extraños que te miran mal,
que te apalean y a veces matan.

Todos los fantasmas
tienen derecho
a un sotano oscuro y un cementerio.

Un amanecer
tiene derecho
a que alguien le pregunte,
para luego hacerse el interesante.

No es viajar,
es huir.
El infierno se extiende sobre la tierra,
ya hay zonas muertas donde ni las bacterias sobreviven.

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Clamor y Derrota

Puedo sentirme héroe invencible
bajo la luz de tu mirada,
cuando me sonries.
De noche, cuando te acurrucas,
puedo llegar a sentirme campeón del mundo,
muralla infranqueable ante todo mal:
es lo que tiene ser alto,
que te lo puedes llegar a creer.

Pero entonces…
¿Si no puedo llevar tu carga a las espaldas,
si no puedo ser roca o parapeto y protegerte,
si no puedo hacer nada por tí,
para qué valgo?
¡Por favor!
¡No me dejes solo en el rincón,
que me muero!

 

Después de la visita a la casa de una amiga.

A R.M.B.B

Estando en tu casa de visita
he recordado las paredes desnudas de la mía.
Después, de regreso,
contemplé este extraño zurcido de luces en el frío.

La soledad es aquello que existe
en el oscuro vacío que alumbran
las líneas de farolas
al fondo de la noche.

Esta humana adicción a ciertas emociones
me reveló
que un fuego habita entre las paredes de tu hogar,
en los objetos que adornan sus estancias
dejados allí por descuido
o puestos con clara intención.

La soledad cuajada
en las líneas de farolas de carreteras y calles,
costuras o cicatrices,
laberintos
que no sabemos resolver,
laberintos de uno mismo.
Es imposible que la helada soledad
haga crujir el vacío.

Fuego inunda el lugar que habitas,
encendido por ti,
alimentado de risas,
rojo de ternuras.
No son las habitaciones de desnudas paredes
no los laberintos de farolas
el lugar que habito
es el frío.

Solo la vida del mendigo es honorable

Me despierto
pensando en la combinación exacta de palabras
que conformen ese verso
que convierta el polvo de la casa
en polvo dorado,
el chirrido de los coches
en cantar de pájaros.

Desayuno deprisa,
ando deprisa,
cojo el tren a la carrera,
empujo, me empujan.
En esta intimidad forzada,
en medio de este disgusto amargo
busco la combinación exacta de palabras
que conformen ese verso
que me lleve,
a la cumbre de mis montañas,
tan amadas.

Y ya en la oficina
trabajador obediente,
sumiso esclavo,
borrego que pace su pasto
en este redil de dorados barrotes
busco desesperado las palabras mágicas,
esos versos,
que me abran la puerta,
que me hagan dar el paso,
que me lleven a caminar
a la orilla de la playa.

Solo la vida del mendigo es honorable.
Pero nunca conoceremos
la combinación exacta de palabras
que conforman el poema
que le transporta al paraíso.

© Juan Jose Ayuso Martínez

 

Polígono industrial

(Llevo años pasando por Villaverde Alto, unas temporadas en coche, otras en tren, y hoy me ha venido un recuerdo, como un grito)
Te deseamos en toda tu extensión.
Desde el azul tan claro de tus pupilas,
pasando por tu mirada incitadora,
por tus labios rojo fuego y tu lengua,
presentida entre tus dientes como perlas,
en la mas ardiente de las promesas.Te deseamos desde el cuello tan hermoso
bajando por tu pecho, apenas contenido en tu sostén,
tus pezones entrevistos por la puntilla de sus copas.
Y tu vientre, tan blanco,
adornado por esa perla en el ombligo.
Y tus manos, insinuantes, por tus ingles,
levantando suavemente las braguitas.Y tus caderas cadenciosas,
y tus piernas tan esbeltas,
y tus pies de tacón de aguja.Te deseamos como alimento animal
y tu no tienes la culpa
de que estemos ciegos y no veamos
la podedumbre donde pisan tus tacones,
el chulo que no muy lejos te vigila,
el espeluznante espectáculo
que es el borde de esta calle,
al lado de este basurero,
junto a este barrio
de desesperación y miseria.

Te deseamos como depredadores hambrientos
y tu no tienes la culpa.
Hermosa flor,
cortada por el horrible segador
para dar de comer a los cerdos,
cerdos devoradores de tu carne,
aniquiladores de tu alma.

Te deseamos bestias culpables
y deberíamos lavar tus pies,
curar las heridas de tu mirada,
devolverte la juventud perdida,
erigirte reina omnipotente que reyes hay ya demasiados,
adorarte como diosa plenipotenciaria,
amarte como ser humano compañera de la lucha.

© Juan José Ayuso Martinez

 

Parecía divertido

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Dábamos caza a los mas grandes animales,
fieros depredadores o inmensas moles,
por verlos a nuestros pies rendidos.

Parecía divertido.

Doblegábamos la tierra y el tiempo,
puestos a nuestro servicio,
y tirábamos a la basura
todo lo que nos sobraba de comer.

Parecía divertido.

Las grandes ciudades, las grandes obras,
ensimismados en nuestros propios logros,
dominio sobre la naturaleza y las cosas.

Y el maná de las plastihamburguesas
corría para todos, como si no hubiese fin.
Y la fiesta continuaba a todas horas
como si todo fuese bien y no hubiera de acabar,
mientras algunos pocos se erigían
poderosos y ricos.

Parecía divertido.
Hasta que el mar empezó a escupirnos nuestro orín,
Hasta que el cielo decidió volverse ceniza y humo,
Hasta que la tierra renegó de sus hijos predilectos.
Y ya no fue tan divertido.

Hoy hace ya
mas de mil días que no llueve
y el polvo nos penetra
y nos reseca la boca
y nos quema las entrañas
y ya no es tan divertido.

A día de hoy
sobre todos pende la amenaza
de un tumor maligno
sin que nada pueda evitarlo
ni haya consuelo para el dolor de los pobres,
y ya no es divertido.

A día de hoy
el pan es una quimera
y ardemos
y somos pasto de batallas
y no es nada divertido.

Pero todavía queda un lugar,
un lugar virgen donde los ricos acaudalados
han hecho paraiso,
han hecho fortaleza,
privilegio que les otorga el poder y la riqueza.

Y yo, que ya estoy viejo y decrépito y pronto moriré,
ejerciendo la mas arraigada tradición humana
les digo a mis hijos que se hagan soldados,
fieles vasallos de esos hombres poderosos,
que lo que cuenta, al fin y al cabo, es sobrevivir.

© Juan José Ayuso Martínez