Mar de Acogida

Aquí vienes, mar, viejo amigo.

¡Abrid puertas, ventanas!
¡Dejad que pase!
Dejad que inunde dulcemente.

Vienes tranquilo, la marea suave,
caudillo de algas y de peces,
abriendo paso
para que habiten en mi casa.

Creces con aire tierno, con luz calma.
Llegas a las rodillas,
a la cintura;
germina, sol y espuma,
flor de sal en mi pecho.

Vacío de nostalgias
me abandono
a los reflejos de tus ondas,
me arrullo
entre tus manos de agua.

Acogido en tu seno, refugiado del aire
me visto de sargazos
y entre mis huesos doy cobijo
a hipocampos, estrellas y corales.

Por las arenas de tu lecho,
pensamiento de pulpos y medusas,
camino hasta llegar
al borde de tus simas.

Aquí me esperaré,
platicante de peces,
vecino de ballenas y de escualos,
hasta que mis ojos comprendan
el lenguaje que habita en el abismo.

© Juan José Ayuso Martínez