El Hombre Parasitado

Traen los trenes trenzas en volandas para las fiestas que da el verano en sus
jardines

en los jardines donde sirven bandejas con urracas enjauladas

urracas enjauladas que con cantos estridentes persuaden a los invitados para que
se transmuten en cuervos

y la presión demográfica de los cuervos transmutados obliga a los cuervos
voladores a refugiarse en las montañas del oeste

y las montañas del oeste horadadas por miles de minas se convierten en una gran
ciudad pájaro

y en la ciudad pájaro abren pequeñas tiendas de abalorios para decorar los nidos
antes del día de la eclosión

y el día de la eclosión nace de los huevos la primera generación de
invertebrados reptantes

y los invertebrados reptantes descienden por las grietas de las minas hasta el
fondo de un alma negra

y el alma negra empieza a crecer forzada por la presión migratoria
y se desborda
se desborda
se desborda
en ramas que surgen
de los dedos
de los pies
de los ojos y el cabello
del pecho y las axilas
del hombre propiedad del alma negra en un claro ejemplo de parasitismo de invertebrados reptantes

y los invertebrados reptantes suben por las ramas y hacen nidos

y en los nidos con suma delicadeza casi levitando forman crisálidas

y las crisálidas crecen se expande hasta que se rompen

y cuando se rompen surgen de ellos
pequeños pollos de urraca

Traen los trenes jaulas de trenzado junquillo
para las urracas nacidas en el árbol hombre parasitado

y el hombre parasitado agradece con una leve sonrisa casi invisible que le descargen el peso de las ramas

y en las ramas cuando una urraca abandona el nido otro invertebrado reptante con suma delicadeza casi levitando forma otra crisálida

y las crisálidas surgen y desaparecen como luces que se encienden y se apagan en un árbol de navidad

pero los árboles de navidad no son cadenas de producción de urracas y este árbol si lo es

pero las cadenas de producción necesitan materia prima para funcionar

pero la materia prima se está acabando porque los invertebrados reptantes están llegando a su fin

Traen los trenes leñadores para cortar las ramas secas que surgieron
de los dedos
de los pies
de los ojos y el cabello
del pecho y las axilas del hombre parasitado
y el hombre parasitado agradece la poda con una leve sonrisa prácticamente invisible mientras su alma recupera su extensión original y un suave brillo dorado

y el suave brillo dorado señal es de una operación de éxito sobre un alma que fue negra y no volverá a ser parasitada

Llevan los trenes de retorno a los leñadores y al desparasitado hombre con una amplia sonrisa y alegría en los ojos

Y luego

vuelven los trenes

con trepidantes canciones

para las fiestas que en sus patios da el otoño

© Juan José Ayuso Martínez

Tempo mecánico

un coche da vueltas en la rotonda eternamente
mientras mecen cunas gatos de metal verdoso
un coche da vueltas eternamente
mientras las espigas lo esquivan
por las calles viajan
hay un creciente muro de silabas
por las calles viajan
hay un creciente galopar de guerreros
por las calles viajan
cuando ella se va
pequeños fantasmas de ilusiones rotas
pequeños fantasmas de anhelos muertos
pequeños fantasmas de sueños de carne tierna

un coche da vueltas en la rotonda eternamente
su conductor sube y baja cada cien años
y el coche da vueltas eternamente
los árboles aprietan y liberan la tierra
los pájaros hacen nidos que flotan en el aire
las ratas lucen banderas ante los gatos guerrilleros
los fantasmas pequeños no crecen
los espectros terribles quieren abrir puertas sin paredes
quieren subir escaleras flotantes
quieren encontrar sus anillos perdidos entre sábanas

un coche da vueltas en la rotonda eternamente
su conductor es un espectro mas
pero el coche da vueltas eternamente
cuando la arena dora los caminos
cuando la piedra emerge de los campos
los fantasmas no crecen
los espectros no mueren
ya sin anhelos ni escaleras
no sabemos que esconden dentro
ya sin sueños y sin puertas
no sabemos
en qué estrato subterráneo estarán los anillos
en qué aire lejano estarán los requiebros
no sabemos que esconden dentro

el esqueleto de un coche da vueltas eternamente
en medio del vacío

 

© Juan Jose Ayuso Martínez