Siempre En Medio

Tras una noche de mal sueño,
de humores y olores,
de legañas en los ojos, ojeras, halitosis
y la negativa del cuerpo a obedecer
si no hay una taza de café por medio.

Ante la perspectiva de un día gris,
de un angustioso viaje hasta el trabajo,
de muchas horas de suplicio alienante
y otra derrota más cristalizada en la sangre
a última hora de la tarde.

Ante esto
y tras lo otro
solo tu sonrisa me salva la vida.

© Juan José Ayuso Martínez

 

Locura final

El hueco del colchón
delata tu presencia,
la forma de tus muslos
que con dientes y lábios y suspiros
tantas veces mi boca recorrió.
Estás aquí, lo sé, en lo oscuro,
susurrándome lasciva
que alimente tus pechos de gozo y de deleite.

Quizás me esté volviendo loco
pero yo sé que estás ahí,
tras la cortina de la ducha,
desnuda,
en la cocina tras la puerta,
en el armario
jugando al escondite.

Puede que loco, si,
pero te siento, te oigo,
andando por la casa,
hablando en la escalera.
Salgo al balcón
y es tu perfume el aire
y son tu voz todos los pájaros
y son tú todas las mujeres

y no hay materia que no te recuerde
y no hay reloj que marque otros latidos
y no hay luz que no venga de tus ojos.

Loco, si, loco!
antes de ti y ahora,
sin ti,
sencillamente loco.

© Juan José Ayuso Martínez

 

Conjuros

Un verso escribiré que se ciña a tu cintura.
Y otro, un poco mas largo,
que se enrede en tus caderas y misterios.
Versos escribiré,
como el aire,
que suban por tu espalda,
por los hombros y la nuca
hasta aventar el pelo, acariciar los ojos.
Versos como un río
que suban por tu vientre
hasta alcanzar los pechos, los pezones
y caer
cascada invertida,
cuello arriba,
en un torrente de besos.

Escribiré todos estos versos
y más versos aún te escribiré.
Pero aún quedarán los mas difíciles:
versos que hagan
que se ponga el sol o salga la luna,
versos que resuelvan
entre tu piel o la muerte,
versos que consigan
arrancar fuego a tu dominio.

© Juan José Ayuso Martínez

 

Desahucio Consentido

La rosa pétalos metálicos con que embestías sinrazones y desdichas, aniquilabas los subterfugios de los cobradores de deudas antes siquiera de llegar a la puerta.
El cilicio púas de satén con que rodeaba tu cintura de cristal, la blancura perla de tu piel confundida con el resplandor fresco de una supernova.

Llévate el viento por el camino gusano de cuentas doradas
Llévate el sol por el secreto de los mineros de aguas
Llévate el aire por la ceniza que surte de los membrillos
Llévate la luz por las cimas reino de algún animal desconocido

La rosa espinas nacaradas con que batallabas heroína razón y gloria de tus triunfos sobre los más variopintos burócratas de pergamino.
La fusta sabor a fresa con que regalaba tus oídos, tus ojos, el fulgor rosado de tu lengua en la cabalgadura fructífera de estrellas y plegarias atendidas.

Llévate el agua por misericordia de los perros giróvagos
Llévate el barro por acción invisible o pecado de omisión
Llévate la lluvia por favor de los hombres que pasan hambre
Llévate la tierra por orden directa de los gusanos de seda

La rosa afilados pétalos de diamante con que desmembrabas los tanques en fila para su revisión anual antes de que pudieran dar parte al seguro.
El látigo seda que siembra lágrimas de azúcar por el fulgor azul que emanaba a media distancia sin otra razón que los extremos que la definen.

Fuego queda por llevarte
Fuego a media distancia de las sombras, de las razones de ser de las sombras y de la oscuridad
Fuego aún queda por llevarte
Fuego extinto en llamas azules, en sombras blancas, en luz de fin de función.

Me queda un túnel de gusano entre el esternón y la columna donde antes había un flagelo.
Te queda una explosión de cristales en una atmosfera de gel transparente.

(C) Juan José Ayuso Martínez

Volvería

Con un cuarto vacío de aire helado
y una tumba paciente con su día,
de ti y de tu mirar, melancolía,
anhelo de vejez contigo al lado.

Rumores son de nuestro amor pasado,
rumores contra mi monotonía,
contra mi soledad del día a día,
con calor de deseo renovado.

Fue nuestro tiempo mil granos de arena,
se quebró el cristal de mil colores,
explotó en gris de un golpe la condena.

Otra vez consumido en tus ardores,
en tus ojos de mar que son cadena.
Cenizas, otra vez, de tus amores.

© Juan José Ayuso Martínez

 

Hasta donde

Después de navegado tanto mar,
arribado mil puertos,
sufrido tormentas, naufragios,
dice el marinero
que solo queda un mar por descubrir.

Después de andados mil caminos,
después de vista tanta iglesia,
de hablado mil idiomas
dice el viajero
que no hay lugar inédito al que ir.

Y dice el astronauta,
después de haber subido a su cohete,
abandonado nuestra atmósfera
y alcanzado la luna y regresado,
dice
que no le bastan cielo ni mar para vivir.

¿Y yo?
¿Que diré yo
después de haber estado juntos,
de saciarme de sed con la carne de tu pecho,
de beber de tu vientre torrentes de gemidos?
¿Que diré yo después?

© Juan José Ayuso Martínez

 

Sin Permiso

Sin permiso subiré
los pliegues de tu falda,
subiré
por tu muslo a la cadera.

Sin permiso subiré
el costado de tu vientre,
Buscaré primavera
en la cumbre de tus pechos.

Romperé
los diques de tu sexo,
traeré el temblor
a las simas de tu pubis, el fuego que grita.
Buscaré
en tu cuerpo refugio,
derramar
en él
mi corazón.

Ay amor! Amor!

El pensamiento callado,
abandonado de mí, náufrago.

Tú el mar que me arriba,
tú el sol que me calienta,
tú la vida.

© Juan José Ayuso Martínez