Quieto

Me estoy quieto, amor,
mientras tus dedos,
juguetones, bucean por mi pelo.
Mientras tú mano
tiernamente
mi cuello explora
anunciandome tus besos,
presagiando el envite de tu boca.

Me estoy quieto, amor,
mientras tus dientes buscan
nervio bajo el temblor,
fuego bajo la carne
y me estalla el pecho
en un raudal de lava por el vientre
hasta mi sexo
que se yergue,
que se estrella
contra el aire que le envuelve.

Me estoy quieto,
amor,
mientras tus manos
por mi ingle y sus contornos
destapan rosas y prepucios
haciendo tuyos mis secretos.

Para ti, mi amor,
me estoy quieto,
amor, muy quieto.

Sobre todo el aire

Sobre todo el aire.
El aire que se arrastra a tus pies,
abre paso a tu persona,
se rinde incondicional
ante tu caminar altivo.
El aire
volando colores por las calles.

Hay niños jugando en la plaza
y sonríen,
hay un árbol refugio de mil aves
y cantan.
Hay un silencio extasiado alrededor
esperando.

Aire, aire…
Huracán que tus caderas provocan,
viento que tu mirada incendia,
el aire hecho música
cuando dices cualquier cosa.

Hay un bosque profundo
que rinde ante ti sus sombras,
Hay un mar que se abre camino
para que perfumes sus corales.
Existe una medida exacta del tiempo
con tus pasos sobre la tierra.

Aire, aire vuelto oro
al vuelo de tu pelo,
aire brillo líquido
al contacto de tu piel,
aire sangre abstracta
fluyendo por la tierra.

El aire, el aire…
Pero sobre todo
el aire que respiro, ese aire
que solo existe a ras de ti.

© Juan José Ayuso Martínez

Día vacacional para el pescado

Hoy
día vacacional para el pescado
por amarre forzoso de la flota
los peces juguetean relajados
Unos
lejanos a las olas por miedosos
Otros
cabriolando en las crestas por audaces

Hoy
día de contención para el bañista
por amenaza de olas masticantes
contemplo el horizonte tras las nubes
furioso el oleaje dentellando

Y exuberante mi alma de este viento
te quiero un beso mar embravecido
y mi mano
a mi lado te busca la cintura
y a mi lado
espera mi sonrisa tu sonrisa

Sin embargo
mi mano manotea en el vacío
y por inercia
topa el áspero tacto del cemento
y mi sonrisa
cien años se marchita en tu vacío

No hay rastro de tu sombra en este sitio
La exaltación de mi alma me nubló
la certeza amarilla de tu falta
y hace frío

¡Mi sol!
A tu noche regresa avariciosa
desdentada la puerta del infierno
cuero fósil abismo horizontal
a tu noche regresa avariciosa
ella

© Juan Jose Ayuso Martínez

 

Recuerdo y Refugio.

Porque fue hermoso el tiempo aquel
cuando tu risa todo lo inundaba y tu voz
marcaba el límite del mundo.
Aquellos días nuestros
buscándote la linde, reclamándote,
ardiendo sin mesura.
Aquellos días
de íntimas confesiones,
cuando un sitio cualquiera
podía ser lugar de un beso,
podía ser un buen lugar.

Porque fue hermoso el tiempo aquel
si algún día te encuentro
esquivaré tus ojos,
evitaré mirarte.
Si algún día te encuentro
cambiaré el paso, torceré el camino.

No quiero descubrir si se apagó
el cascabel de tu palabra.
No quiero que una mueca
esfume tu mirar de mi memoria.
No quiero a la áspera verdad
derrumbando tu imagen,
arrastrando furiosa los recuerdos,
aventando mi amor como ceniza.

Es tu recuerdo mi refugio
en las noches de blanco abismo,
Es tu recuerdo mi refugio
contra las calles solas,
contra el gris que se esparce por el mundo.
Y será tu recuerdo mi refugio
en los días borrosos venideros,
cuando los ojos ciegos, y los oídos sordos,
cuando mi rostro sea mueca absurda,
cuando el tiempo voraz
haga conmigo su festín.

© Juan José Ayuso Martínez

 

Venganza

Mi tristeza es un señor mayor de barba sucia
que esconde algo tras la espalda.

Al fondo de la mirada fiera
vive aquel vuelo de gaviotas,
en el poso de su voz agria
resuenan las palabras que una vez fueron dichas.

Mi tristeza es una mujer
armada de cuchillo,
con su sonrisa amarga me predice
un dolor inminente.

La primera cuchillada
hace brotar de la herida su sonrisa.
Tras la segunda
mana el aroma mortal de su pelo.

Me sacan los ojos
para que no puedan dejar de ver sus ojos negros.
Me abren el pecho
para salarme el corazón con su sal mas húmeda.

Y cada golpe,
cada golpe rompe por un lado,
y cada cuchillada escarba en una grieta.
Pronto será la riada…

Mi tristeza busca un fondo de algas y peces,
es una piedra que me lastra y ya no puedo.
Me dejaré hundir
hasta el vacío de su cuerpo.
Me dejaré degollar
por la luz de su sonrisa.

© Juan José Ayuso

 

Iré a buscarte

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Iré a buscarte al fondo de lo oscuro
orilla del susurro donde gime el agua,
donde abrasa el aire a ras del suelo.

Iré a buscarte al ​fondo de lo oscuro.
Me tumbaré allí donde la yerba es alta,
Mi piel acariciada tomada por las hojas,
Sentiré como crece surge entre mis ingles,
como sube por el pecho a los pezones.

Iré a buscarte al fondo de lo oscuro
donde unos labios con sus dientes busquen mi entrepierna,
donde una boca con su lengua haga fuente de mi sexo,
donde quieran saciar su hambre y sed conmigo.

¿Serás tú la lengua que mi lengua encuentra
las manos que desnudan al sexo de su piel?
¿Serás tú el cuerpo que me enciende,
las uñas que mi espalda aran,
los grilletes que me aferran?

Cantan los pájaros gemidos,
suspira la yerba exacerbada,
lava es el aire entre los cuerpos.

¡Ay amor que tu boca loca!
¡Ay amor que tu cuerpo fuego!
Quieren las estrellas arrancarse,
quiere los árbol aferrar el aire,
quiere el mar batir el fondo.
!Ay amor que también el cielo!
¡Amor!
¡El cielo, el cielo!

© Juan José Ayuso

 

Todo lo empezó su mano

Todo lo empezó su mano
que suave se posó en la almohada.
Ofrecida
como para dar un paseo,
como para andar agarrados.
Ella hablaba,
pero sus palabras se hundían
en el vacío insondable de mi mente.

Empezó su mano
y continuo mi mano.
Bajando
desde la yemas de sus dedos hasta la palma,
Trazando
el contorno de su hueco,
siguiendo
por la linea de la vida,
la linea del amor,
la de la muerte.
Atravesando hasta llegar a la muñeca,
subiendo
por la piel suave del antebrazo.

Y luego vino el beso;
bese todos sus dedos,
uno a uno
todos los nudillos,
Todas las líneas:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.
Bese su torso, la muñeca
beso a beso fui rodeando.
Y seguí por el antebrazo,
y de allí seguí al brazo,
y luego,
más allá del brazo…

Y mas allá estaba el fuego,
el fuego de sus ojos,
de su alma el fuego
que me encendió por su mano.
El fuego que por mi mano
prendió en mi alma,
el fuego que nos abrasaba,
el fuego que nos fundía,
que nos encendía
como a uno:
faro, estrella o sol.

Ya no hay nada mas allá,
solo queda este fuego,
este fuego…
fuego…
fuego…

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