Solicitud

Cuando te miro invaden mis entrañas
el lascivo deseo de tu cuerpo,
la lúbrica ansia de tus pechos,
la urgencia doble por tus cachas
donde bata sus olas corazón.

Cuando vienes adrede a molestar
-porque te gusta molestarme-
surge salvaje en mi el deseo
de abrirte de piernas y tomarte,
de penetrar tu cuerpo de misterio.
Tierno minero de tu sexo quiero
buscar por las honduras de tu vientre.

Pero al final,
cuando a mi lado te acurrucas
solo tengo una opción:
solicitar tu amor con un abrazo,
como único alegato
poner ojitos tiernos,
y con cien mil besos ardiendo
firmar mi petición.

Desnudo y Muerte

¿Por qué será que siempre estoy desnudo
en el sueño, contigo?
Cuando la misa,
arrimado a tu espalda
crece mi sexo
mientras el cura perorata
para que le entreguemos el alma a su demonio.
Y la de familiares
y amigos y mascotas, de tener.

¿Por qué será que siempre estoy desnudo
en el mundo, contigo?
Cuando en el centro comercial
lamo tus pechos insaciable,
mientras rebaño de tu cuerpo
pasan familias derrotadas,
encadenadas a sus carros, sufren
la farsa de un vacío bienestar.

¿Por qué siempre, desnudo,
contigo?
Cuando en el campo de batalla
soldados tristes marchan,
-amarga su sentencia, irremediable-
marchan mientras yo bebo, enajenado,
del licor de tu sexo
como borracho que huye del delirio.

Llega la muerte.
Llega la muerte negro abismo
mientras tu juegas indolente,
señora de mi sexo,
ajena a su ceniza.
Llega la muerte y se detiene,
se detiene irritada
mientras tú, vacilante, juguetona,
decides donde acogerás mi pene.

Llega la muerte
pero no has de temer:
un Dios salvaje
tomará posesión de nuestros cuerpos
y hará que emitan luz.

Safe Creative #1612120101568

Luz Leve

Me gusta así, la luz, apaciguada.
Tu a mi lado tumbada, suavemente
tu mirada, tu cara luminosa
sobre el azul y el frío de este cuarto.

Me gusta así, el aire, quieto.
Y entre tu y yo este resplandor
que crece y llega a las orillas
de tu vientre, de mi vientre.

Crece, crece su luz, anega el aire,
inunda nuestros cuerpos
cuando miro tus ojos,
cuando besas mis labios,
cuando mi sexo arriba
la playa de tu sexo.

Me gusta estar así, contigo, envueltos
en la luz apagada de este instante,
en la luz encendida del deseo,
en el ámbar de un tiempo suspendido.

Nubes

Pasan las nubes blancas como seda,
redondas formas voluptuosas,
como de pechos suaves,
como de tersas nalgas.

¡Ay!

Pasan las nubes blancas,
las nubes grises de tormenta,
amenazando rayos,
amenazando lluvia.
¡lluvia, que al fin,
penetrará la tierra!

© Juan José Ayuso Martínez

 

Ardor

Un fuego crece
ladera abajo
de dulces sales
y agua mineral.

Un río contenido
furiosas aguas
de bravo empuje
difícil sujetar.

¡El cerco roto!
No se remansa
el río, fuego
no para de quemar.

¡Hermoso cataclismo!
Olas que abrasan,
ríos de fuego.
¡Ardiente navegar!

© Juan Jose Ayuso Martínez

 

Angelita guarrilla

Mi angelita guarrilla,
mi tierno ángel con sexo.
Que me Inspiras
con tus palabras,
con tus gestos…

¡Mi angelita guarrilla!
Que me provocas
con tu mirada,
con tu sonrisa
el sentir mas dulce,
el fuego mas intenso.

¡Ardiente ángel de mi sexo!
¡Desatado
me encaramo a tu cintura!
¡Enardecido
me agarro a tu pecho!
¡Enredado entre tus piernas
me llevan tus alas
en vuelo,
en vuelo,
al mas dulce de los cielos!

© Juan Jose Ayuso Martínez

 

Tormento

Mi cuerpo sufre tormento
cuando imagino tu cuerpo.
Mi cuerpo sufre tormento
cuando imagino mis manos
amasando las cachas de tus nalgas,
cuando imagino mi boca
recorriendo tu piel,
cuando imagino mi lengua
tus pechos recorriendo.
Sufro la angustia de la sed
cuando imagino los mares de tu vientre
navegados a tientas por mi pene,
navegados anhelante de luz
hasta que me concedes isla o bendición.

No quiero seguir sufriendo
y dejo de imaginarte
barro entre mis manos,
piedras bajo el agua del río,
y entonces ocurre lo peor;
y entonces empiezo a pensar
y escucho el eco de mi pensamiento:
¿Y que hago yo en este mundo?

Se te sube un poco la falda

Se te sube apenas un poco
la falda del vestido al sentarte.
Me siento como niño
ante el baúl de los recuerdos.
Como niño
que por primera vez cruza la calle,
que por primera vez contempla el mar.

Se te sube un poco más
la falda del vestido al acercarte.
Siento que tus muslos
convocan a mis manos
a pasear la suavidad de tu piel,
como por jardín,
como por selva espesa y peligrosa,
a descubrir el tesoro allí escondido.

Y descubro
que no llevas las bragas blancas,
ni tampoco las bragas negras.

Te subo ya del todo yo la falda
por encima de las caderas.
Por los labios de tu sexo
una fuente borbotea,
tus pechos me amenazan
con sus lanzas enhiestas,
tus ojos me condenan
a que me abrase en su hoguera,
y mi afán de hortelano busca
que florezca la rosa de tu primavera.

Rotunda se yergue mi carne,
rotunda florece mi sangre,
rotundo mi sexo te anhela,
Urgencia por penetrar en tu cuerpo,
urgencia por apretar tus caderas,
huracán de manos y bocas desatado
solo porque se te sube la falda
un poco, apenas…

Mujer, que te ignoras como Diosa

Para P.

Cuando con dientes y labios
muerdo y beso
la cara oculta de tus muslos
y mi lengua reconoce
los arcanos sabores de tus ingles,
creo y pienso
que solo son pasos dulces de pasión.

Cuando abierta para mi
los labios de tu coño
mi lengua exploran
y una salada fuente aflora
pienso y siento
que no es acto tuyo de abandono,
que es acto en que tu te entregas,
para que de mi alma se abran las puertas.

Cuando mis manos abren
la fruta calida de tu vulva
y bebo el sagrado jugo de tu vientre
siento y acepto
que ya solo de él yo tendré sed,
que ya no podré yo vivir sin su sustancia,
que empiza el anhelo que nunca acaba.

Cuando tu palabra reclama
mi erección y mi saliva,
mi corazón y mi pasión
mi entrega y mi extertor
acepto y asumo
que no tengo libertad de acción,
que no hay otra solución,
que solo soy tu humilde siervo
mujer,
que te ignoras como diosa.

© Juan José Ayuso Martinez

 

El camino al cielo

El camino al cielo
pasa por tu boca.
Por tus dientes tan blancos
que mis dedos descubren,
por tu lengua esquiva
que mi lengua acecha
y busca ansiosa.

El camino al cielo
pasa por tu pechos.
Por su piel tan suave y su tersura,
por sus pezones de leche y caramelo.
Fuentes que mas sediento me dejan
cuanto mas de ellas bebo.

El camino al cielo
pasa por tu vientre y tus caderas,
por la cuesta de tus ingles
hacia esos otros labios
para los que nunca acaba el beso.

El camino al cielo
pasa por tus ojos,
por tu mirada,
por la caricia tus manos,
por el deseo de tu alma,
por nuestros cuerpos entrelazados,
por el fragor de nuestras batallas.

Andaremos juntos
el camino al cielo,
yo dentro de ti,
tu devorándome en tu adentro.

 

©Juan José Ayuso