Locura final

El hueco del colchón
delata tu presencia,
la forma de tus muslos
que con dientes y lábios y suspiros
tantas veces mi boca recorrió.
Estás aquí, lo sé, en lo oscuro,
susurrándome lasciva
que alimente tus pechos de gozo y de deleite.

Quizás me esté volviendo loco
pero yo sé que estás ahí,
tras la cortina de la ducha,
desnuda,
en la cocina tras la puerta,
en el armario
jugando al escondite.

Puede que loco, si,
pero te siento, te oigo,
andando por la casa,
hablando en la escalera.
Salgo al balcón
y es tu perfume el aire
y son tu voz todos los pájaros
y son tú todas las mujeres

y no hay materia que no te recuerde
y no hay reloj que marque otros latidos
y no hay luz que no venga de tus ojos.

Loco, si, loco!
antes de ti y ahora,
sin ti,
sencillamente loco.

© Juan José Ayuso Martínez

 

Hasta donde

Después de navegado tanto mar,
arribado mil puertos,
sufrido tormentas, naufragios,
dice el marinero
que solo queda un mar por descubrir.

Después de andados mil caminos,
después de vista tanta iglesia,
de hablado mil idiomas
dice el viajero
que no hay lugar inédito al que ir.

Y dice el astronauta,
después de haber subido a su cohete,
abandonado nuestra atmósfera
y alcanzado la luna y regresado,
dice
que no le bastan cielo ni mar para vivir.

¿Y yo?
¿Que diré yo
después de haber estado juntos,
de saciarme de sed con la carne de tu pecho,
de beber de tu vientre torrentes de gemidos?
¿Que diré yo después?

© Juan José Ayuso Martínez

 

Sobre todo el aire

Sobre todo el aire.
El aire que se arrastra a tus pies,
abre paso a tu persona,
se rinde incondicional
ante tu caminar altivo.
El aire
volando colores por las calles.

Hay niños jugando en la plaza
y sonríen,
hay un árbol refugio de mil aves
y cantan.
Hay un silencio extasiado alrededor
esperando.

Aire, aire…
Huracán que tus caderas provocan,
viento que tu mirada incendia,
el aire hecho música
cuando dices cualquier cosa.

Hay un bosque profundo
que rinde ante ti sus sombras,
Hay un mar que se abre camino
para que perfumes sus corales.
Existe una medida exacta del tiempo
con tus pasos sobre la tierra.

Aire, aire vuelto oro
al vuelo de tu pelo,
aire brillo líquido
al contacto de tu piel,
aire sangre abstracta
fluyendo por la tierra.

El aire, el aire…
Pero sobre todo
el aire que respiro, ese aire
que solo existe a ras de ti.

© Juan José Ayuso Martínez

Recuerdo y Refugio.

Porque fue hermoso el tiempo aquel
cuando tu risa todo lo inundaba y tu voz
marcaba el límite del mundo.
Aquellos días nuestros
buscándote la linde, reclamándote,
ardiendo sin mesura.
Aquellos días
de íntimas confesiones,
cuando un sitio cualquiera
podía ser lugar de un beso,
podía ser un buen lugar.

Porque fue hermoso el tiempo aquel
si algún día te encuentro
esquivaré tus ojos,
evitaré mirarte.
Si algún día te encuentro
cambiaré el paso, torceré el camino.

No quiero descubrir si se apagó
el cascabel de tu palabra.
No quiero que una mueca
esfume tu mirar de mi memoria.
No quiero a la áspera verdad
derrumbando tu imagen,
arrastrando furiosa los recuerdos,
aventando mi amor como ceniza.

Es tu recuerdo mi refugio
en las noches de blanco abismo,
Es tu recuerdo mi refugio
contra las calles solas,
contra el gris que se esparce por el mundo.
Y será tu recuerdo mi refugio
en los días borrosos venideros,
cuando los ojos ciegos, y los oídos sordos,
cuando mi rostro sea mueca absurda,
cuando el tiempo voraz
haga conmigo su festín.

© Juan José Ayuso Martínez

 

Solicitud

Cuando te miro invaden mis entrañas
el lascivo deseo de tu cuerpo,
la lúbrica ansia de tus pechos,
la urgencia doble por tus cachas
donde bata sus olas corazón.

Cuando vienes adrede a molestar
-porque te gusta molestarme-
surge salvaje en mi el deseo
de abrirte de piernas y tomarte,
de penetrar tu cuerpo de misterio.
Tierno minero de tu sexo quiero
buscar por las honduras de tu vientre.

Pero al final,
cuando a mi lado te acurrucas
solo tengo una opción:
solicitar tu amor con un abrazo,
como único alegato
poner ojitos tiernos,
y con cien mil besos ardiendo
firmar mi petición.

Elogio del friki

Y aquí estoy yo,
haciendo maquetas,
y viendo una de spideman.

Y tú, sin saber por donde,
siendo ya mayor del todo, quizas demasiado.

Y yo que solo quería que vinieras a jugar conmigo,
por el arroyo que había al final de nuestra calle,
hoy ya devorado por una autopista.

Y yo que quería construir un platillo volante,
con trozos de contrachapado
y motores eléctricos arrancados a juguetes rotos.

Y quería que vinieras conmigo,
a hacer flechas con los juncos del arroyo,
hoy teóricamente protegido y realmente seco,
para luego disparártelas, claro.

Pero tu solo querías tus muñecas,
y después esos pintalabios,
cuando yo ya empezaba con mis paseos melancólicos
por lo que hoy es un páramo reseco.
Esos pintalabios con los que tanto gustabas
a los muchachotes malos del barrio.

Estoy convencido:
la culpa es de las muñecas.
Debería estar prohibido jugar a ser mayor
cuando todavía se es niño.

 

Desnudo y Muerte

¿Por qué será que siempre estoy desnudo
en el sueño, contigo?
Cuando la misa,
arrimado a tu espalda
crece mi sexo
mientras el cura perorata
para que le entreguemos el alma a su demonio.
Y la de familiares
y amigos y mascotas, de tener.

¿Por qué será que siempre estoy desnudo
en el mundo, contigo?
Cuando en el centro comercial
lamo tus pechos insaciable,
mientras rebaño de tu cuerpo
pasan familias derrotadas,
encadenadas a sus carros, sufren
la farsa de un vacío bienestar.

¿Por qué siempre, desnudo,
contigo?
Cuando en el campo de batalla
soldados tristes marchan,
-amarga su sentencia, irremediable-
marchan mientras yo bebo, enajenado,
del licor de tu sexo
como borracho que huye del delirio.

Llega la muerte.
Llega la muerte negro abismo
mientras tu juegas indolente,
señora de mi sexo,
ajena a su ceniza.
Llega la muerte y se detiene,
se detiene irritada
mientras tú, vacilante, juguetona,
decides donde acogerás mi pene.

Llega la muerte
pero no has de temer:
un Dios salvaje
tomará posesión de nuestros cuerpos
y hará que emitan luz.

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Monstruo masculino

Hombre; masculino singular.
Hombres; masculino plural.
Un hombre puede ser todos los hombres.

Atrévete a decirlo.
Vamos,
atrévete a decirlo.

“No me importa la sangre derramada
de ese negro bastardo,
ni la de ese pobre diablo
del suburbio.
Ni esos mocosos famélicos
que exhiben su sufrir en el telediario.”

¡Vamos, vamos!
¡Atrévete a decirlo!

“No me importa la sangre derramada
del que no es de mi grupo,
del que no es de mi puño,
del bastardo que no grita
lo que yo grito.”

Atrevete a decirlo.
Vamos.
¡Dilo, dilo!

“Me deleito con la mueca angustiada
de la pobre esclava
que me vende su cuerpo
para que me regocije en su sufrimiento
abusando de su sexo.
Solo porque tengo el dinero.”

Vamos.
¡Dilo, dilo!
¡Dilo!

“Gozo del horror de su rostro,
me excito cuando la golpeo
la humilló,
se me pone como una estaca
y solo pienso en penetrarla
hasta la muerte.”

Dilo, dilo…

“Yo soy el que manda,
yo el que decide quien come y quien habla.
Yo soy el macho de la manada.”

Polígono industrial

(Llevo años pasando por Villaverde Alto, unas temporadas en coche, otras en tren, y hoy me ha venido un recuerdo, como un grito)
Te deseamos en toda tu extensión.
Desde el azul tan claro de tus pupilas,
pasando por tu mirada incitadora,
por tus labios rojo fuego y tu lengua,
presentida entre tus dientes como perlas,
en la mas ardiente de las promesas.Te deseamos desde el cuello tan hermoso
bajando por tu pecho, apenas contenido en tu sostén,
tus pezones entrevistos por la puntilla de sus copas.
Y tu vientre, tan blanco,
adornado por esa perla en el ombligo.
Y tus manos, insinuantes, por tus ingles,
levantando suavemente las braguitas.Y tus caderas cadenciosas,
y tus piernas tan esbeltas,
y tus pies de tacón de aguja.Te deseamos como alimento animal
y tu no tienes la culpa
de que estemos ciegos y no veamos
la podedumbre donde pisan tus tacones,
el chulo que no muy lejos te vigila,
el espeluznante espectáculo
que es el borde de esta calle,
al lado de este basurero,
junto a este barrio
de desesperación y miseria.

Te deseamos como depredadores hambrientos
y tu no tienes la culpa.
Hermosa flor,
cortada por el horrible segador
para dar de comer a los cerdos,
cerdos devoradores de tu carne,
aniquiladores de tu alma.

Te deseamos bestias culpables
y deberíamos lavar tus pies,
curar las heridas de tu mirada,
devolverte la juventud perdida,
erigirte reina omnipotente que reyes hay ya demasiados,
adorarte como diosa plenipotenciaria,
amarte como ser humano compañera de la lucha.

© Juan José Ayuso Martinez

 

Una palabra no olvidaré

De una visita a San Juan de la peña y mis desvaríos.

Una palabra no olvidaré: “claustro”,
Tampoco “piedra” “silencio” olvidaré.
No olvidaré el suave eco de tus pasos,
de tu sonrisa en aquel espacio.

Otra palabra no olvidaré: “sombra”,
No olvidaré “agua”, “luz”, “aire”, “cielo”.
Emerjo al cielo,
Galope desmedido,
Me siento vivo,
Dueño del grito,
Señor del horizonte.

Tampoco olvidaré: “tierra”,
“barro”, “páramo”, “hombre”.
Hombre puesto en esta tierra,
en este fango.
Hombre
que me cuento entre los hombres,
hombre dispuesto
a confesar mis pecados:

¿Soy hombre
cuando con mi dinero compro
el cuerpo de una mujer
como si no fuese ser
con alma y sentir,
solo objeto a conseguir?

¿Acaso no soy
menos que un animal
cuando a la mujer que me acompaña
brutal mi mano ultraja y apuñala
solo por sentirme ganar?

Me duele el corazón.
Me duele el corazón
del uno al otro lado,
hasta donde alcanza la vista,
hasta las estrellas inmaculadas.

No olvidaré la palabra “hombre”, “mujer”,
No olvidaré “noche”, “luna”, “campanas”, “estrellas”.

No olvidaré mujer
que con la mirada en llamas
me ofreces el confín de la galaxia.

Que cuando vestida te muestras
desnuda te veo y veo
el blanco lunar de tu piel y siento
el cálido tacto de tu cuerpo,
el rumor de estrellas de tus ojos.

Que cuando te miro desnuda
mas allá de tu cuerpo veo,
mas allá de tu mirada miro
más allá de nuestros cuerpos.
Hay un iris en tu centro,
hay vientos que fluyen y se funden,
torbellinos de fragancias,
un anhelo por sudarte y que me sudes,
dos pieles que se hablan.

Que sea la noche larga,
Que sea la noche larga,
Que sea la noche larga…

Una palabra no olvidaré: “hombre”,
Una palabra no olvidaré: “hombre”, “mujer”;
algún día aprenderé su significado.